lunes, 30 de mayo de 2016

El último chico que me enamoró.


Entré en la panadería nueva del centro. Era el mes de agosto y hacía calor. Acababa de bajar del autobús camino de casa para comer y volver a la oficina. Pensé en olvidar la comida y pasear un rato por el parque y sentarme en un banco a olvidarme de la vida. Estaba agobiado y cansado. Solo me apetecía perderme y si acaso, cerrar los ojos y dormir, esperando mejorar mi ánimo al despertar.
Al final entré en la panadería nueva, una de estas de diseño.
Miraba la oferta panadera y pastelera del lugar cuando a levantar la mirada lo vi a él. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Su delantal negro y su sonrisa puesta, mirándome.
No fui capaz de articular palabra. Él tampoco parecía demostrar que en ese momento la locuacidad fuera su mayor virtud. Pero sus labios seguían indicando que era un momento agradable para él y sus ojos no se apartaban de los míos. De hecho, me costaba mantener la mirada, me avasallaba.
Al final me atreví a preguntar algo sobre los pasteles que tenían. No tenía pensando comprar, pero lo hice. No tenía pensando hacer nada esa tarde, después del trabajo y no sé muy bien como, pero quedé con él. "Tomamos unas cañas y charlamos".
Y tomamos unas cañas y charlamos. Mucho, además, porque nos dieron las doce, la una y las dos. Y las tres no, porque nos echaron del lugar.
Fue algo extraño. Quedamos todos los días en ese mes de agosto, y en el mes de septiembre. Tomamos cervezas, compartimos silencios, y conversaciones. Y fuimos al cine y de excursión por los alrededores. Paseamos por veredas, recorrimos pueblos medievales, visitamos talleres de cerámica, nos sentamos en alguna que otra plaza de pueblo. Hablamos con las abuelas de los pueblos y con los niños. Sacamos fotos de la vida alrededor y de la nuestra. Y digo que es extraño porque al revés que me ha pasado con otras relaciones, en esta ocasión no tuve la necesidad de quitarle la ropa a mordiscos en la segunda cita y de buscarle su miembro ardiente y apresarlo entre mis labios. Estar con él era ya en si un orgasmo excelso en sí mismo.
Eso llegó un día de diciembre. Cuatro meses juntos sin buscar nuestros penes. Ni siquiera nuestras bocas en besos tórridos. En ese tiempo nos dimos a los picos y los abrazos. Y nos cogimos mucho de la mano. Y nos miramos como imbéciles chutados de azúcar. Éramos de esas parejas que ponen a parir en muchas tertulias sociales. Nuestra banda sonora eran canciones de esas que hacen vomitar a los guays del momento, con Celine Dion a la cabeza.
Pero ese 7 de diciembre, no sé si para celebrar la llegada inminente de la Navidad, joder, llegó el momento. No lo buscamos pero salió así. Quedamos a pasear por el parque. Un chubasco repentino. Dos hombres empapados. Una carrera al portal de mi casa. Ninguno de los dos trabajaba. Ningún compromiso social ni familiar. Un día completo para nosotros.
"Nos cambiamos de ropa y nos vamos". "me he quedado un poco frío". "Dúchate". "Bien".













Una mirada como aquella primera vez. Una sonrisa mas discreta eso sí, que aquel primer día. Una sudadera que se quita. Una camiseta. Algo pasó por mi cabeza, algo no consciente ni buscado. Y mis ojos no podían apartarse de esas partes del cuerpo que me enseñaba. Luego, él me dijo que no pensó en nada al hacerlo. Que de repente sintió la necesidad de mirarme fijamente y de tener esa conversación silenciosa de sensaciones placenteras. Sintió la necesidad de enseñarme su cuerpo poco a poco y de besarme en silencio, sin tocarme, solo acariciándome con su sonrisa. Fue un poco raro porque ya nos habíamos visto desnudos en los vestuarios de la piscina, cuando habíamos ido a nadar. Y alguna vez en su casa o en la mía.
Luego se quitó las deportivas, los calcetines. Yo seguía mirando, paralizado, relajado, expectante. Se bajó los pantalones. Los dobló cuidadosamente y los dejó sobre una silla que parecía puesta allí ex-profeso. Se quedó mirándome, con los hombros relajados. Solo giró un poco la cabeza, como si me esperara. Fui incapaz de decir nada, de hacer nada, solo abrí ligeramente los brazos, preguntando, invitando, temeroso quizás, no lo sé. Él dio los dos passos que nos separaba y me sacó el jersey, y luego la camiseta, y sin darme cuenta, dejó caer mis pantalones. Entonces fue cuando pegó su cuerpo al mío, juntó sus labios a los míos y me envolvió con sus brazos. Primero fue un suave beso, como los miles que nos habíamos dado. Pero persistió y poco a poco fue abriéndose camino en mi boca. al final se convirtió en el beso más tórrido y potente de mi vida. Ni en mis relaciones más tumultuosas y agresivas he disfrutado de un beso como ese.
Ahí se pierden mis recuerdos. La cronología se difumina en un mar de sensaciones y de placeres. Piel con piel, caricias, piernas rodeándome y las mías rodeando las suyas. Besos repartidos y lengua buscando y encontrando rincones desconocidos.
Fue un acto de amor. Ahí me di cuenta que lo que había estado viviendo esos meses era un verdadero acto de amor. No lo reconocí porque nunca antes había estado enamorado de esa forma. Nunca antes había pasado todo un día amando a alguien. Nunca antes en mis relaciones el momento del orgasmo no había sido el objetivo primordial del sexo. Ese día hubo muchos, pero no es lo que recuerdo con mayor excitación.
Recuerdo que ya por la noche, nos sentamos a comer algo. Preparé unas tortillas y él fue a comprar un poco de pan a la gasolinera. Se sentó encima mío y comimos así, abrazados. "Pero no quiero que a partir de ahora sea esto lo único". Pensé por un momento que no le había gustado, pero él me tranquilizó: "Ha sido maravilloso, pero hablar es también maravilloso, o ir al cine, o quedar con los amigos, o salir a pasear por los pueblos, o caminar agarrado de tu mano". Me tranquilicé y le tranquilicé.
- ¿Nos vamos al cine?
Sonreímos y nos dimos un pico. Nos acabamos de vestir y salimos de estampida, para llegar a la sesión de madrugada. De repente me paré:
- Mañana trabajas.
Quería decir con eso que madrugaba.
- Si me acompañas al trabajo y luego me vas a buscar a la salida, podré resistirlo.
Sonreí aceptando sin reparos. Y salimos corriendo.
Hoy, hemos hecho la mudanza. Hemos dejado nuestros apartamentos y nos hemos mudado a uno que hemos alquilado juntos. Ha sido maravilloso buscar juntos, amueblarlo juntos y hacer la mudanza juntos. Nuestros amigos nos han ayudado. Ha sido divertido. Y la semana que viene, haremos una fiesta para todos, una fiesta de inauguración. Y luego, al día siguiente, haremos una fiesta solo para nosotros. Una fiesta larga y tranquila. Solos él y yo, solos con nuestros cuerpos y con nuestro amor.

domingo, 29 de mayo de 2016

En casa, tranquilos.

Esa cotidianidad que te dan estas fotos, esa normalidad, me encantan.









Tomando un café, pintando, sacando la ropa de la lavadora, poniendo el tocadiscos...

viernes, 27 de mayo de 2016

Unas parejas.

Hoy he buscado fotos especiales. Por distintas causas.
Lo único en común es que son de parejas.








Esta última foto tiene una historia dentro de ella. O muchas.

jueves, 26 de mayo de 2016

Chico malo.

Este chico... me parece que es un poco travieso.
sisisisisi.









Gracias Rey.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Chico sobre fondo naranja.

Un fondo maravilloso que realza al modelo.
¿Que no veis el fondo?
Será que no se han cargado bien las fotos...
:P