lunes, 25 de julio de 2016

El regreso de Dalton Briggs, por Iván.

Es el estreno de Dalton con otros estudios. Y un estreno muy interesante. Grandes fotos, estamos de acuerdo Iván y yo.
Venga, venga, a disfrutar de Dalton.









Post que dedico a Iván, con todo mi cariño.

domingo, 24 de julio de 2016

Decora tu casa.

En mi afán de hacerlos la vida más fácil, y por si estáis meditando redecorar vuestra casa, os muestro algunas propuestas, por si os gustan y decidís copiarlas.
Mirad, mirad.









Espero que alguna de estas propuestas os hayan gustado.

viernes, 22 de julio de 2016

Justin tuvo suerte. 7ª parte.










Al llegar lo condujeron a un despacho. Amablemente le pidieron que esperara unos minutos, que enseguida vendría alguien a hablar con él.
“¿Alguien?”
Si ya se había puesto nervioso con la llamada de Juan, ahora su grado de ansiedad estaba alcanzando niveles que nunca había padecido. Estuvo a punto de pedir que le dieran algo para la ansiedad. El corazón desbocado, su pecho que apenas podía contraerse para mantener la respiración. No lograba mantener las manos quietas.
“Seguro que ha sido un accidente. A lo mejor mis sobrinos. Esa manía que tenían los dos con las motos. O a lo mejor han sido todos. Iban a ir de excursión a una feria en un pueblo. Sacó su móvil para llamarlos, pero no se atrevió. Si no les había pasado nada, se reirían de él. O si llamaba a su hermano y Nuño, por ejemplo, no estaba en casa, se iba a montar la mundial. Su hermano era un poco catastrofista. Y su cuñada, mucho peor. A lo mejor por eso le habían pedido que lo llamaran a él. “¿Y por qué me tengo que comer yo todo esto?” Los sobrinos quisieron ir a jugar al fútbol, pero se tuvo que encargar el tío Peter. Si no, no había fútbol. Nuño quiso ir excursión a Irlanda, cuando tuvo 10 años. El tío Peter fue de carabina, como apoyo a los monitores, condición que sus padres impusieron para que fuera. Rodrigo se apunta todos los años a una gimkana de fotografía por la ciudad. Ahora ya puede ir solo, claro, pero al principio la condición para que participara, era que fuera con su tío Peter. Ahora seguían yendo juntos, pero eso era ya una costumbre. Y a Peter no le importaba nada todas esas actividades que se había visto obligado a hacer con sus sobrinos, los quería y se lo pasaba bien con ellos. Y ellos le adoraban. Ya con veintitantos, daba igual donde se encontraran y con quién estuvieran, que se acercaban a él corriendo y le pegaban unos señores achuchones. Y raro era el día que uno de ellos dos no le llamaba o le enviaba un mensaje. Las fiestas no dejaban pasar una sin invitarlo a casa, aunque sabía que sus padres no eran tan partidarios de llevar invitados. Y solían quedar a tomar algo muy a menudo.
- Peter.
Éste al oír su nombre se levantó de un salto.
- Perdona por el susto.
- Chico, ya me podías haber dicho algo. Dime algo... ¿qué pasa?
En ese momento vio que detrás de él venía un hombre que tenía toda la pinta de ser policía.
Os presento. Mi amigo Peter, Javier Huidobro, de la brigada criminal.
- ¿Brigada criminal? No me tengáis así. ¿Qué ha pasado? Que...
- Tranquilo, Peter, confía en nosotros – dijo el policía con un tono tan seguro de sí mismo, que logró su propósito. - Sentémonos si os parece.
Peter estaba cada vez más inquieto. Apenas podía domeñar el temblor de sus manos y de sus piernas. Respiraba entrecortado. Juan no quería mirarlo a la cara, lo evitaba, cosa que a Peter le ponía todavía más nervioso. Y el policía iba a lo suyo, ordenando unos documentos que había traído en una carpeta.
- Le voy a enseñar unas fotos, dígame si reconoce a alguien.
Aunque parezca una contradicción, el tema de las fotos relajó de inmediato a Peter. “No puede haberles pasado nada a mi sobrinos”. Cambió la sensación de preocupación por la curiosidad de a dónde le llevaría ese tema.
Miró las fotos que le enseñaba el policía. No reconocía a nadie de las personas que le mostraba.
- Lo siento, pero no me suena nadie.
- Mire estas fotos.
En la primera tanda, mujeres y hombres de mediana edad. sobre los cuarenta. La mayor parte de las fotos estaban tomadas en la calle. En la segunda tanda, eran chicos y chicas jóvenes, adolescentes casi. Estaban tomadas en sitios dispares: zonas deportivas, en la calle, o en clases incluso.
- ¡¡Hostia!!
La última foto le dejó helado.
- ¿Es una broma? Juan, no me parece muy … eres mi amigo. Esta broma me parece de muy mal gusto. Y no sé, me enseñe por favor la acreditación de su condición de policía – le indicó en un pronto a Javier.
Mantuvo la foto en alto un buen rato. En ella se podía ver claramente a Justin y a él mismo, saliendo del restaurante-restaurante, riéndose con ganas, aquella noche, aquella última noche que tuvo noticias de él.
- ¿Conoce a estas personas?
Peter estuvo a punto de levantarse e irse. Esto no tenía mucho sentido. Sentía que era una broma pesada a la cual no encontraba razón. A parte... ¿cómo tenían una foto de Justin y él saliendo del restaurante? Empezaba a pesarle la cabeza. No razonaba con fluidez. Ver esa foto le había causado un shock. Después del caso del chaval que vio hacía unas horas tirado en la cama del hospital, con la cara llena de golpes y su mirada desesperada... ahora ver una foto de Justin... era curioso, no tenía ninguna foto de él. Con todos los selfies que se sacaban sus compañeros, él nunca participaba del tema. Incluso evitaba las fotos del equipo, cuando iban a tomar pizzas o alguna excursión que hicieron todos juntos. Nunca salía él en las fotos.
- Es la primera foto que veo de él. ¡Qué curioso!
Lo dijo en voz alta, pero muy bajo.
- Mira estas fotos que te tiende Javi, por favor.
No menos de veinte fotos de chicos jóvenes. Uno de esos chicos le recordó al que había visto esa mañana en el hospital.
- Este parece el de arriba, el de la paliza. Y este otro, parece un compañero del equipo de fútbol de Justin. Está muy cambiado, no lo podría asegurar. El pelo es distinto, ese chico era castaño y lo llevaba largo. Cuando desapareció habló un par de veces conmigo. Parecía el más interesado en el chico. A lo mejor no es él. Se llamaba Cristian, creo.
Miró las fotos otra vez, más despacio. Pero no encontró ningún otro al que reconociera siquiera vagamente.
Cogió el primer montón que había visto. Las miró con atención, con la mente más abierta.
- Éste podría ser el padre de ese chico.
- ¿Estaba en el equipo cuando llegó Justin?
- No sé cuando llegó Justin al equipo. Yo empecé a llevarlo bastante más tarde de que se mudaron a mi edificio.
- ¿Y los padres de Justin?
- No los llegué a conocer. No coincidíamos nunca. Debían tener unos horarios distintos.
- ¿Reconoce a este chico?
Javier, el policía, le tendió otra foto. Era de un joven postrado en la cama de un hospital. Se fijó más y vio las sábanas del hospital en el que estaban.
- Joder, es Justin. Pero está muy cambiado. Parece que tiene treinta y muchos años. ¡¡Joder!!
Peter se levantó de un salto y empezó a andar alrededor del despacho en dónde estaban. Tenía la típica cara de alguien que había sufrido un gran stress.
- ¿Está vivo?
Le surgió la pregunta de repente. No había nada de vida en ese rostro de la foto.
- De momento sí.
Javier y Juan se miraron. El primero le hizo un casi imperceptible gesto con la cabeza afirmando.
- Está en las camas de urgencias, monitorizado. Posiblemente le subamos a la UCI. Ha ingresado por un accidente de coche. Un atropello. El conductor se ha dado a la fuga. Al ver las marcas que tiene por todo el cuerpo, llamé a Javi.
- Parece que sus padres pertenecen a una secta que incita al castigo físico extremo, para curtir el alma. Si detectan que son chicos sensibles, o blanditos o desviados como los llaman, redoblan los castigos programados. No se trata de “te has portado mal te doy unos azotes”. Es “son las 8, toca fusta en el pecho”. “Eres débil, no vas por el buen camino, lo hacemos por tu bien”. “A los ojos de la comunidad no podemos permitir que te gusten los hombres, y te hemos visto mirar al vecino con cariño”.
- ¿Eso del vecino lo dices por decir o porque es algo real?
Javier asintió despacio.
- ¿Y ese vecino soy yo? - preguntó Peter aterrado por la posible respuesta.
- Llevamos tiempo detrás de ellos, pero son escurridizos. - Javier el policía, esquivó la pregunta - . Tienen dinero y poder. Cambian de identidades con frecuencia, de domicilios. Parece que ahora están por el sur. Creemos que Justin se escapó por los 18 años, y vino a buscarte. El accidente ha pasado delante de tu casa. Un accidente raro. Ayer detuvimos a algunos miembro de la secta también en los alrededores de tu casa. Ese se nos debió escapar. Tenían mucho empeño en pillar al chico.
- ¡Joder!
- Si sale de esta, va a necesitar tu ayuda, Peter.
El aludido miró primero a su amigo Juan, que era el que había hablado. Y luego a Javier el policía. Sintió que le faltaba el aire. Se levantó atropelladamente y salió del despacho camino de la calle. Todo eso le superaba.



jueves, 21 de julio de 2016

lolo

Mira que te meto mano.
NO te atreverás.
¡¡Ahhhhhhhh!!


Que te la como, que no, que sí, que no...


Se escapa la gotita... estás a punto...


¿quieres o no quieres? Hoy, todos los hombres parecen dudar...


Y otros que se lo piensan...


Esto es una epidemia de dudas... muhco te bajo el calzoncillo ¿Para qué? ¿Para quedártela mirando? No me jodas...


Por fin hemos encontrado alguien que no lo tiene que pensar.



Arriba y pa dentro.
Hala.
Se acabó.

miércoles, 20 de julio de 2016

Dos latinos, con pasión.










Angie se asomó al cuarto de Leo y lo vio desnudo, sobre la cama.
Lo había visto desnudo muchas veces antes, pero esa tarde fue distinto. Algo se movió dentro de él y sintió unas ganas irresistibles de follar a su amigo.
Leo al principio, puso algún reparo. Conocía a Angie y sabía que al día siguiente, se iba a arrepentir, cuando no esa misma tarde. Pero hacía tiempo que no follaba con nadie, así que se entregó a ello con entusiasmo.
Esa tarde, el tiempo dejó de tener importancia para ellos. Sonaban y sonaban sus móviles, pero ninguno de ellos sintió la necesidad de atender sus mensajes o sus llamadas. Sus pieles ardían de necesidad.

martes, 19 de julio de 2016

Justin tuvo suerte. 6ª parte.










 Pero no era fácil olvidar.
Pasaba varios días sin pensar en el chico, y un día cualquiera, sin avisar, veía una noticia en el periódico o en la televisión que se lo recordaba. Empezaba entonces una serie de búsquedas compulsivas y obsesivas de las últimas noticias al respecto de maltratos o de heridos misteriosos.
El 13 de enero se levantó triste. Era el cumpleaños de Justin. 18 años. Había pasado más de un año desde la última vez que supo de él.
Dedicó el día a la búsqueda en internet de rastros, noticias. Parecía que todo iba a resultar una pérdida de tiempo, como todos los días anteriores, cuando le saltó una “última hora”.
“Ingresado en el Hospital General un joven con signos de maltrato”.
Debajo había una liviana explicación del caso. No venía el nombre, aunque venían las iniciales. La primera era una J.
El corazón le empezó a latir con estridencia. Daba igual que las iniciales de los apellidos no coincidieran. “Pueden haberlas equivocado”, pensó.
No se lo pensó. Se plantó en el hospital y buscó a su amigo Juan Ramírez, un médico amigo de la infancia al que ya le había hablado del tema.
- No puede ser él, te lo hubiera dicho. Solo tiene 15 años.
- ¿Y si fuera un hermano?
- Decías que no tenía hermanos.
- No lo sé en realidad. Tampoco vi a los padres nunca. Por comprobarlo... a lo mejor se parecen.
Juan lo miraba con pena. Sabía por experiencia propia la frustración que se sentía al no poder ayudar a la gente como se debería. Eso iba con su profesión. Por eso lo llevó hasta la habitación donde estaba ingresado el chico. Desde fuera, Peter se quedó mirándolo. El chico tenía la cara hinchada, llena de moratones. El labio de abajo estaba partido y se le notaban los puntos que le habían dado. Sus ojos todavía estaban rojos de llorar y seguro que de impotencia, de rabia, de vergüenza.
- Ha sido en la calle. La policía supone que es un caso de bulling.
- Pobre chico. ¿Seguro que es bulling?
Juan se encogió de hombros.
- Lo están investigando. No descartan nada. El chico ya ha ingresado en alguna otra ocasión con heridas sospechosas.
Peter no pudo contenerse y empezó a llorar. Apretaba los puños.
- ¿Y qué será de él?
- Los servicios sociales decidirán lo mejor. Si se descarta al entorno familiar, volverá a casa cuando se recupere. Pero para eso tendrá que pasar bastante tiempo.
Pobre chico. Si supieras como me carcome los remordimientos de no haber enfrentado el tema de Justin... ¡Qué habrá sido de él!
- A lo mejor te equivocas y no pasaba nada. Lo viste de refilón.
- A lo mejor, sí. A lo mejor tienes razón.
Quería convencerse de ello. Y lo mejor sería que lo consiguiera.
- Este chico no tiene a nadie a su lado. Pobre.
- Debemos asegurarnos que no se trata de alguien de su entorno. No te hagas sangre, Peter. No puedes ayudar a todos los chicos con problemas. Te matarás. Ya te estás descuidando con tu vida. Tu aspecto. Si un día aparece Justin, estarás tan mal que no le podrás ayudar. Y tus sobrinos también te necesitan. Y tú te necesitas. Deberías ir a ver al psicólogo que te dije. Es un buen profesional y un buen amigo. Te ayudará.
- A lo mejor tienes razón.
- Te has obsesionado.
Juan intentó llevárselo a tomar un café. Pero Peter insistió en quedarse un rato más. La mirada fija en el chico. En sus intentos de dormir que apenas duraban unos instantes y como abría sobresaltado los ojos y empezaba a temblar lleno de terror. Su impotencia al cabo de unos minutos y su mirada perdida en ningún sitio.
- Solo tiene 15 años.
Al final Peter enfiló el camino de la salida. Triste e impotente. Solo deseó que a ese chico cuyo nombre empezaba con J, como el de Justin, tuviera suerte y encontrara quién lo quisiera y cuidara de él. No como Justin, que lo encontró a él pero que no supo ayudarlo. O no quiso. Ese no querer... era lo que le carcomía el alma.
Pasó a despedirse de Juan por urgencias. Estaba de guardia en Urgencias. Parecía muy liado así que solo le saludó con la mano de lejos. Juan ni siquiera lo vio.
Llovía en la calle. “Hoy hubiera disfrutado jugando al fútbol. Lo que le gustaba rebozarse en el barro”. Respiró hondo y miró un rato al cielo. Le gustaba ver llover. Había algo en la lluvia que lo relajaba. Al menos esa lluvia pausada. El sonido de las gotas cayendo sobre el suelo. Caminó despacio hasta el coche, mojándose. “Debo olvidarme del tema, no es mi culpa”. “Pero si no lo es ¿Por qué me siento culpable?”
Al llegar a casa, después de quitarse la ropa mojada y ponerse simplemente unos calcetines gordos y una bata de estar en casa, empezó a romper papeles. A tirar cosas que llevaban esperando ese destino, años y años. Empezó a organizar sus libros, los que se iba a quedar y los que iba a intentar vender en algún sitio o los que iban a ir al contenedor de papel directamente. “Debo limpiar todo, quizás así...”
Pero su empuje no le duró mucho tiempo. Hasta que se encontró el ejemplar de “Los tres mosqueteros” que le había dejado a Justin. “Capullo, no lo estaba leyendo”. Y sin venir a cuento, le vino a su mente una cantinela que le había asediado algunas veces: “Si no me hubiera empeñado en llevarlo a cenar a ese restaurante, vestido de traje...”.
Ese fue el error. Algo pasó allí. Si no hubiéramos ido, a lo mejor él seguiría aquí y yo podría haberlo protegido.
“Pero si no querías comprometerte, Peter, no te engañes”. “Eso equivalía a problemas y odias los problemas”.
Otra vez la congoja. Otra vez el abatimiento.
Sonó su móvil. Recordó que su hermano le iba a llamar para confirmarle una comida familiar la semana siguiente. Uno de sus sobrinos se iba a trabajar una temporada a Londres e iban a despedirlo con una comilona. “De restaurante, restaurante”.
- ¡¡Joder!!
Dejó que sonara. “Ya me mandará un mensaje”.
Volvió a sonar. Y de nuevo a los dos minutos. Y otra vez.
- ¡¡Joder!!
- Pesao, que quieres. Estaba en la puta ducha.
- ¿Peter?
Se quedó callado por la sorpresa. No era la voz de su hermano. Parecía Juan, pero con voz de desconcierto. Y no llamaba desde su teléfono.
- ¿Juan? - preguntó con precaución.
- ¿Peter?
- Sí. sí, soy yo. ¿Qué ha pasado?
- Mejor sería que vinieras al hospital.
- ¿Mis sobrinos? ¿Qué les ha pasado?
- Es mejor que lo hablemos aquí.
- Pero ¿qué pasa?
- Ven y lo hablamos.
- Pero dime algo.
No le dijo nada. Peter se vistió a toda prisa y se fue corriendo al hospital.


lunes, 18 de julio de 2016

Kelly acaba agotado.

Mira, mira... se entrega al 100 para la sesión de fotos, y luego, queda agotado el pobre.









Aunque seguro que si la ocasión lo requiriera, sacaría fuerzas para una buena sesión de sexo. ¿Contigo?