martes, 26 de julio de 2011

Cuento de Navidad: capítulo 1.

 

Voy a seguir con mi locura de convertir el mes de julio, en Navidad. ¿No se suele decir que Navidad deberían ser todos los días? Pues esto es un sueño hecho realidad. ¡¡Feliz Navidad!!
Y una buena Navidad no lo es tanto, si no tiene su cuento. Así que, a leer el cuento de Navidad.



Capítulo 1:

Tatachan… tatachan…
Otra canción navideña.
Eusebio conducía su coche por la c/Vitoria. Era tremendo el tráfico que había. Era Nochebuena. Unos comprando, otros yendo a tomar la enésima copa de cava con sus amigos, o con sus vecinos. Con los del equipo de fútbol, o con los de la peña. O con los de la academia de inglés.
Sigue la canción en la radio… la locutora se despide deseando bla, bla, bla… Otro programa empieza. El locutor se presenta. Tiene una voz sugerente. Pero, definitivamente, al cabo de cuatro minutos Eusebio llega a la conclusión de que es bobo.
Suena el móvil. Manos libres. La voz de su secretaria.
- Sr. Martínez, nos vamos ya. No se olvide llamar a su hermana. Volvió a llamar.
- Tranquila, Sra. De Pedro. No me olvidaré.
- Que pase una feliz noche…
- Sí, sí, pásenlo Vds. también estupendamente. Hasta el martes.
- Gracias Sr. Mar…
Y Eusebio le dio al botón de colgar antes de que su secretaria acabara. Feliz Navidad… bla, bla, bla. Su hermana… bla, bla, bla.
Otra vez esa canción…
Eusebio la sigue tarareando. No le gusta… pero no puede evitarlo.
Al final consigue llegar a su casa. Mete el coche en el ascensor del garaje. Lo aparca. Coge la caja de una pizza del asiento de atrás, y va al ascensor.
Esto es lo malo de la Nochebuena. No puede ir a cenar a ningún sitio. Nada está abierto. No le gusta cocinar, así que, será la noche que peor cene del año. Otros años suele ir a comprar a una delicatessen… pero este año, ha decidido no hacerlo. Porque luego tendrá los platos sucios hasta el lunes que vuelva la asistenta. Y no soporta tener la cocina medio… y no soporta limpiar los platos… un pensamiento fugaz le hace pensar que es un bicho raro, amargado… pero lo desecha rápidamente. Lo único que le pasa es que no le gusta ser igual de imbécil que el resto de sus congéneres.
Llega a su piso.
Sale y gira hacia el lado de su puerta…
Se queda parado.
Mira encima del ascensor. El 6º. Es su piso.
Esos tres chicos… ¿Qué hacen delante de su puerta, sentados?
Coge el móvil para llamar a la policía. No tiene ganas de… espera un momento… uno de los chicos es Miguel… su chapero preferido… pero no le ha llamado hoy… coño, a lo mejor la semana pasada le dijo algo de pasar la Nochebuena juntos, con tarifa especial… y sin vestirse en toda la noche. Incluso le habló de ponerse unas ligas, o ir haciendo el perro toda la noche… con un plug metido en el culo haciendo de rabo perruno… era un semental el tal Miguel… le ponía a mil… Pero no recordaba haber quedado al final en nada. Además no le apetecía esa noche… pero esos dos chicos, no sabía que pintaban ahí… ¿Serían compañeros de Miguel? No… son muy jóvenes… si uno es apenas un niño… No… por eso no pasa… nada de niños… no quiere problemas… no, no…
-¿Que haces tú aquí? – un tono de ligero y educado cabreo dejó bien claro que no estaba de humor para idioteces.
- Esto Eusebio, es que como el otro día habíamos hablado…
- Pero no quedamos en nada Miguel.
- Sí… ya sé, pero me ha surgido un problema y como dijo que no iba a ir a ningún sitio, que odiaba la Navidad y …
- Vete al grano Miguel.
- Son mis hermanos. Nos han echado por unos días de la habitación que ocupábamos, y no…
- No Miguel, estás confundiendo los términos. No.
- Ya, si no molestarán. Nosotros podemos jugar a esos juegos que se ocurrieron ese día, y alguno más si le apetece… Mis hermanos se meten en una de las habitaciones del otro lado… y no se enterará de que están. Lo hago gratis.
- No. Miguel, no me gusta mezclar las cosas. No.
Miguel se arrodilló delante de Eusebio, con los dedos entrecruzados… como rezando a un Dios inmisericorde y vengativo. Sus hermanos le miraban descorazonados. Raúl de 15 años, tenía una expresión de rabia en la mirada. De desprecio hacia su hermano. David, de 7 años, estaba a punto de llorar. Su hermano mayor, su ídolo, estaba arrodillado delante de un señor. Y sabía que su hermano estaba descorazonado…



Sin pensarlo David corrió la poca distancia que le separaba de su hermano, y le rodeo su cuello con sus brazos. “Déjalo, Migue, vámonos”.
- Haz caso a tu hermano y lárgate.
Eusebio había escuchado lo que David le decía a su hermano, aunque este lo había dicho muy bajito.
- Estoy a punto de llamar a la policía.
Miguel se levantó despacio del suelo. Su hermano no se soltaba del cuello. Así que lo rodeó con sus brazos a la altura de su cintura. David le rodeó con sus piernas también. Y hundió su cabeza en su cuello. Raúl miraba a Eusebio con cara de desprecio… por haber obligado de alguna forma a su hermano a perder la dignidad.
- A lo mejor Miguel es que ya no quiere que se la comas. A lo mejor prefiere que se la coma yo. Si quiere se lo hago. Por dos noches de alojamiento.
- Raúl cállate.
- No, deja. No vas a ser tú siempre el que se sacrifica. Yo se la como. Lo hago muy bien.
- Raúl, no digas bobadas. No has comido una polla en tu vida. No eres gay.
- Más morbo para el gilipollas este.
- Te doy una hostia encima.
Eusebio levantó su mano, haciendo el movimiento…
- Si la tiene dura… Miguel, tu cliente la tiene dura… le pone la idea de que se la chupe… tengo 15 añitos… mira, mira… y movió su lengua descaradamente…
- Iros.
- A lo mejor quiere que se la chupe David.
- Raúl, vámonos.
Raúl se quedó unos segundos mirando fijamente a Eusebio. Éste le mantenía la mirada sin dejar de mostrar esa pose altanera de la que hacía gala siempre que no estaba seguro de controlar la situación. Miguel que había caminado con David en brazos hasta el ascensor, volvió sobre sus pasos. Con uno de sus brazos rodeó la espalda de Raúl y lo atrajo a su pecho. Le dio un beso en la frente… y se lo llevó hacia la salida.
- ¿Y este es el hombre que te gustaba? Valiente gilipollas. A éste si no pagara, seguro que no le saludaba ni el cura. Tienes el gusto en le culo.
- Anda que tú… la Verónica esa… mira que es fea y tonta.
- ¿Fea y tonta? Que sabrás tú si eres marica…
Llegó el ascensor…
- Tengo pis, tato…
- Espera que llegamos a la calle.
- Tengo caca…
- David, aguanta…
- A lo mejor el señor ese me dejaría…
- Huy, por favor, que dices… el estirado ese… valiente soplagaitas… me da pena el tío… debe sentirse más solo… me da pena el tío…
- ¿Qué te doy pena? Imbécil. Tú si que me das pena. Ofreciéndote a chupar pollas por un cuarto unos días, sin ni siquiera gustarte las pollas. Tú si que eres patético. Sin un techo dónde dormir, ni nada que llevarte a la boca esta noche.
- Pues anda que esa pizza asquerosa que lleva ahí… eso si que es una cena de nochebuena. El exquisito este…
- Es cierto, tómala si quieres. – y Eusebio tiró la caja de la pizza al suelo – Cógela así te vas acostumbrando a poner el culo en pompa, para cuando ofrezcas…
- Ya vale, Eusebio. Está claro que me he equivocado con Vd. yo creía que era buena gente. Mi hermano tiene razón, soy un poco gilipollas. Pillarme de Vd. pensar que era buena gente, sola, e incomprendida. Pero veo que los incomprendidos seguramente sean los demás. Raúl coge la pizza. Será una estupenda cena de Nochebuena. No estamos para orgullos.
- Además es barbacoa, la que le gusta a David.
- Guay… – dijo David levantando de un golpe la cabeza.
- Quédese con su dinero y con todo lo demás. Y con las 7 habitaciones de invitados que tiene. Nosotros nos vamos, posiblemente a algún local vacío. Y yo chupo pollas por dinero. Y pongo el culo por dinero. Y paso un rato con tipos con Vd. por dinero. Yo tengo dos motivos para hacerlo. Mi hermano Raúl, y mi hermano David. ¿Vd. sabe lo que es sentirse querido por ellos? Eso me empuja a hacer cualquier cosa por ellos. Hasta arrastrarme hasta aquí para que alguien como Vd. me humille. Pero a mi hermano, no. Yo pongo el culo en pompa si hace falta. O me pongo medias de mujer, o ligas, o me meto el dildo que quiera por el culo… Pero mi hermano no.
- No gastes saliva, tato. Vámonos…
Se metieron en el ascensor… las puertas se cerraron.
Eusebio se quedó como hipnotizado mirando las puertas cerradas… escuchó un lejanísimo parloteo en el portal de los tres hermanos dirigiéndose a la puerta.
Sus vecinos de la letra E, salieron al rellano. Le miraban con cara de pena. Nunca le habían tragado… pero lo que habían visto y oído al intentar salir unos minutos antes… les había convencido de que ese hombre no era buena gente.
- Querido – dijo la señora a su marido – tenías razón, esta casa está llena de pobres… Vamos a ver si encontramos a esos chicos, y se nos pega algo.
- Vamos, Teresa.
Eusebio les miró de medio lado. Seguía con esa pose altanera. Despreciativa con todo y con todos.
Sonó su móvil.
Miró la pantalla. Su hermana.
- ¿Qué quieres?
- Hombre, al fin… Feli…
- ¿Quién te ha dado este número?
- A ti te lo voy a decir. Eusebio, escúchame. No sé ya como pedirte perdón.
- Ya estás perdonada. Feliz navidad. Adiós.
- Eusebio, no me cuelgues. Ven a cenar con nosotros.
- No.
- Eusebio, somos tu familia.
- Yo no tengo familia.
- Eusebio, no seas bobo. Ven, apenas conoces a tus sobrinos.
- No tengo sobrinos. Estoy muy bien como estoy.
- Eusebio, por favor…
- Que te vayas a tomar por el culo, imbécil. Que no quiero saber nada de ti ni de tu estúpido marido, ni de tus asquerosos hijos. Que me dejes en paz. Que…
Eusebio no pudo seguir hablando… tenía de repente mucho calor… su corazón parecía desbocado…
- Eusebio. Eusebio. ¡Contesta!
El móvil se le resbaló de la mano. Caminó hacia atrás poco a poco hasta llegar a la pared. Apoyando su espalda en ella, se dejó resbalar poco a poco hacia el suelo, mientras intentaba aflojarse la corbata., y desabrocharse el botón de arriba de la camisa.
- Eusebio…
"¡¡Calla maldita puta!!" Intentaba chillar Eusebio… pero no podía articular palabra… no podía respirar… o eso le parecía.
- Eusebio… me estás asustando…
- ¡¡Puta!! – no dejaba de repetir…
(continuará)

2 comentarios:

  1. Joder con la navidad y su espíritu fraterno...
    ¿A dónde nos quieres llevar? Tiene muchas posibilidades este comienzo: como la vida misma...
    Venga, venga... esta tensión dramática necesita encauzarse.

    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Un esfuerzo vano pero divertido... Jajajajajajajaja...

    Esos cuentos de Navidad son muy duros con la humanidad, creo que en ellos aparece lo peor de la humanidad y la magia de ese solsticio tenebroso que da a la Navidad ese sentido de renacimiento en todos los sentidos. Me encanta.

    Ese cuento me gustó mucho, lo recuerdo con emoción... Espero que lo publiques entero de nuevo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar