lunes, 17 de octubre de 2011

El concierto (2).

El concierto (1).
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Miguel se iba de la plaza cabizbajo. Sumido en un mar de sensaciones. De pensamientos. No estaba precisamente en su mejor momento. Estaba… depre. No, no era una depresión de esas de psicólogos y pastillas. Era un bajón… una caída libre, más bien, de su estado de ánimo.



Pocas cosas había ahora que le animaran. Pocas cosas había que le produjeran placer. Ni su trabajo, ni sus amistades, ni su familia… ni sus aficiones, nada conseguía sacarlo de esa tristeza, de esa dejadez que le iba acompañando a cada instante.
Acababa de ver un concierto. Era un grupo joven, de música punk o rock o lo que fuera…  O eso se imaginaba. La música nunca había sido su fuerte.  Le gustaba, la escuchaba a cada instante, pero nunca le había llamado la atención lo suficiente como para aprender cosas de grupos y cantantes y estilos. Tenía amigos que se aprendían canciones, o trozos de ellas. Y luego utilizaban esas frases en la conversación… que recitaban un nombre tras otro de canciones, de grupos… a él eso nunca le había llamado la atención. Y además se creía incapaz de hacerlo.
Pero pasaba por la plaza… y  reparó en el grupo. No era una música que le gustara especialmente, al menos el estilo. Pero una canción, la letra, le… le atrapó… y se quedó plantado ahí, escuchándoles.



Y además, de repente, se fijó en uno de los componentes. ¡¡La madre que lo parió!! ¡¡Era ese chico!! Se quedó con los ojos como platos. Casi sin respiración.  Hacía meses que dejó de coincidir con él… siempre se cruzaban cuando iba a trabajar. A parte que le conocía de vista del club deportivo del que eran socios los dos… Normalmente cuando iba al trabajo, iba en su mundo. No se fijaba en la gente con la que se cruzaba. Muchos amigos se habían enfadado con él por pasar a su lado y no verlos. Pero un día, en el bus, levantó la mirada y se le encontró mirándolo. O eso creyó él. No consiguió comprobar ese día si era cierto que le miraba… porque rápidamente apartó la mirada y no volvió a dirigirla hacia donde estaba él.
Así comenzó esa rutina de todos los días. De ir pendiente de si se cruzaba con ese chico, o subían en el autobús. Tenían un trecho del camino que coincidía. Pero unas veces uno lo hacía andando, el otro cogía el bus, o al revés… o si había suerte, los dos se ponían de acuerdo e iban en el mismo medio. Entonces empezaba una pequeña batalla de miradas.  Uno levantaba la vista, justo cuando el otro la bajaba… a veces un instante se cruzaban la mirada… aunque rápidamente los dos la escondían…
Le gustaba ese chico. Pero bueno, era consciente que, ese chico era inasequible a sus “ningunos encantos”. Era mucho más joven que él. Era además guapísimo. Aparentaba tener un cuerpo precioso… y él al menos, se lo imaginaba buena gente… por como miraba… era algo que intuía… parecía además tímido… pero también, no sabía por qué, se le imaginaba sensible, amoroso… ¡¡cariñoso!! Esa era la palabra… Un chico que podría tener al chico o chica que quisiera… o casi.
Y llegó ese día que le saludó… ¡¡Joder!! Se había levantado de la cama especialmente depre. Cabreado. Con él, con el mundo, con su trabajo. Nada le parecía bien. Iba que mordía. Y llegó este chico… le adelantó… giró su cabeza… y le saludó…
- ¡Hola!
Y hubiera jurado que decía detrás… su nombre… ¡¡Miguel!!
- ¡¡Hola!!  - Le contestó automáticamente. Eso sí, le dio tiempo a poner su mejor sonrisa, y a mirarle a los ojos… mirarle sin ver… por la sorpresa, los nervios…
Mil y una historias se le agolpaban en la cabeza. No se lo podía creer, que ese chico al final se había fijado en él. Bueno… no… seguro que era educado, y al encontrarse tantos días, al final había decidido saludarle… pero bueno… eso ya era…



Se imaginó al día siguiente saludarle de nuevo… Esta vez sería él quien lo haría primero… y disfrutaría del momento… ¡¡Ese chico era un bombón!! Ufffffffff… ¡¡Dios Santo!! Si fuera verdad que se hubiera fijado en él…
- ¡¡Ayyyyyyyyy!!! - suspiraba a cada momento, en la oficina, en la ducha, en la cama, viendo la televisión...
Pero al día siguiente, no se encontró con él. Ni al siguiente. Intentó cambiar un poco la hora, un poco antes, un poco después… se bajaba en la parada que él se subía, e iba andando despacio, mirando hacia atrás… Pero no… no volvieron a cruzarse… ni a compartir autobús…
Hasta ese día. Se le quedó mirando con cara de bobo. Tardó un rato en reconocerlo… le sonaba la cara… y la situación además le despistaba… ¡¡Era él…!! ¡¡Qué capullo!! ¡Y encima es músico! ¡Y tiene un grupo! "Con el morbo que da eso…", se decía a sí mismo divertido por su ocurrencia. Ahí estaba, esplendoroso, más guapo que nunca. Hubo un instante en que creyó que él le vio… pero era imposible, el público estaba a oscuras, ellos tenían la luz de los focos… pero a partir de ese momento, creyó que, estaba cantando para él, estaba tocando para él, bailando… que todo lo que decía y hacía en el escenario tenía un destinatario… él. Era una bobada, vaya, pero… ¡¡qué narices!! Bien podía soñar durante una hora… la hora que duró el concierto…
Acabó. Se apagaron los focos… el grupo desapareció entre bambalinas. La gente comentaba el concierto. Sus sueños se apagaron a la vez que los focos. Dio media vuelta, cabreado, por haberse dejado ensoñar por la imaginación. ¡¡Eres gilipollas!! Se repetía mientras se alejaba. ¡¡No sueñes en imposibles, Miguel!! Ese chico es sensacional, es guapo, joven… ¡¡qué coño va a ver en ti!!¡¡ Imbécil!!
Entró en un bar, y se pidió una cerveza. Poco a poco se fue relajando. Y esa rabia producida por la desilusión autoimpuesta… por esos castillos en el aire que había fabricado en su cabeza, durante una hora de concierto… se fue diluyendo.



Salió del bar, y recordó las palabras de Dani… al menos se había enterado de su nombre… Dani… y volvió para comprar el CD de su grupo. Y para ver al grupo de sus amigos… los franceses… ¿O eran italianos? ¡¡Bah!! ¡¡Daba igual!! Como si eran egipcios… Dani… Dani… le gustaba el nombre… Daniel…
Compró el CD. Era barato… ganas le dieron de comprar 4 ó 5. Estaban haciendo los últimos preparativos del nuevo concierto… y lo vio… estaba rodeado de gente… parecían colegas… seguro que eran sus fans… chicos y chica guapas, maravillosos todos… jóvenes… todos pendientes de él… se lo imaginó eligiendo compañía para esa noche…
Juraría que lo había pillado mirándole, como aquella primera vez, cuando todo empezó. Pero daba la impresión de que buscaba a alguien. Parecía que cuando barría con su mirada la plaza, hacía un rodeo por dónde él estaba. Bueno era cierto que le sobraban muchos kilos. Que no era tan guapo como el resto… que tenía unos años más que él…  pero vamos… que justo cuando llegaba a dónde estaba, justo cuando su mirada se iba a encontrar con su cuerpo… esa mirada se perdía en la nada, para volver a centrarse al otro lado… ¿estaría en un agujero negro del espacio? Bromeó Miguel consigo mismo…
- ¡Ves, Miguel! Esto te pasa por soñar despierto - se dijo murmurando.
El concierto empezó… Era rock duro también… todos los que rodeaban a Dani se fueron hacia delante, a primera fila. Vislumbré sus brazos al cielo, haciendo el signo de la victoria.
Ese era su mundo… el mundo de Dani… En ese mundo, Miguel no tenía cabida.
No quiso prolongar más la agonía, el suplicio… dio media vuelta y se fue.
Se fue despacio… durante unos segundos esperó que alguien viniera corriendo detrás de él… pero eso no sucedió.
Bajó la cabeza,  volviendo a su estado normal esos días, de apatía, de tristeza… y pensó, como siempre en los últimos tiempos, que todo, todo… era una mierda.


1 comentario:

  1. Recuerdo la historia y la estoy disfrutando de nuevo, y como estimulan ese adorno maravilloso que le aportan las fotos.

    Un abrazo.

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