viernes, 11 de noviembre de 2011

El concierto (5)


El concierto (1).
El concierto (2).
El concierto (3)
El concierto (4)

El concierto - relato.
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Dani tenía su cabeza apoyada en la ventana. Tenía la mirada perdida en ningún sitio. Pero una sonrisa alumbraba su cara.
Rodrigo iba a su lado, sentado en el autobús. Habían tocado en Salamanca el día anterior, pero se les había estropeado la furgoneta. Por eso volvían en el bus. Estaban cansados, había sido un concierto más largo de lo que normalmente estaban acostumbrados. Y luego, los problemas con la furgoneta, encontrar un hostal... un hostal de mala muerte en el que apenas pudieron pegar ojo.
Todos iban pendientes de Dani. Llevaba tiempo raro. Axel que era el más cercano, no soltaba prenda de lo que le pasaba. Pero era evidente que algo no iba bien. Rodrigo intentó sacarle algo, al principio del viaje, pero fue en vano. Solo recibía monosílabos o evasivas como respuesta. Al final, Dani le dio la espalda ostentosamente, y se puso a mirar por la ventana, como si le fuera la vida el ver cada árbol del camino. Rodrigo no volvió a abrir la boca, pero tampoco dejó de mirar de cuando en cuando el reflejo de la cara de Dani en el cristal. De vez en cuando sus amigos le miraban y le pedían novedades... él solo podía encoger los hombros, haciendo ver que, la misión encomendada por los demás, salvo Axel, que se había mantenido al margen, había sido un fiasco.
Axel también miraba de vez en cuando a Dani. Estaba sentado detrás de él. Había intentado incluso entablar también alguna conversación con él. Pero el resultado fue parecido a los intentos de Rodrigo.


Pararon en un área de servicio. Bajaron todos a tomar un café. Dani fue al servicio, pidió su café, y se sentó en una mesa. No buscó la compañía de sus amigos. Rodrigo y Carlos intentaron sentarse con él, pero Axel les paró. Al final se sentaron los cuatro en otra mesa.
Dani parecía embebido en sus pensamientos. La expresión de su cara, hacía ver que sus ensoñaciones eran agradables. No dejaba de tener esa expresión de beatitud ausente.
Al volver al autobús, Axel se sentó al lado de Dani. Empezaba a estar preocupado por su amigo. Esto duraba mucho ya. Y se había acentuado desde el concierto en el que vio a Miguel.
-         ¿Me cuentas tus sueños? – dijo en voz muy baja, acercándose al oído de Dani.
-         No sueño – contestó rápido Dani
-         Dani... venga...
Pero Dani tardaba en responder… miraba a Axel como estudiando si podía confiar en contarle sus cosas sin que se enfadara.
-         No te van a gustar.
-         Me imagino que no. Con eso ya cuento.
Volvió el silencio entre ellos. Dani escrutaba la expresión de su amigo. Intentaba ver algún atisbo de enfado en su amigo.
-         Pensaba en que hubiera pasado si, al salir de la plaza del concierto, le hubiera encontrado.
-         Miguel...
-         Ya sabía que no te iba a gustar...
-         Sigue.
-         Me imaginaba una escena graciosa para nuestro encuentro- en ese momento Dani se giró hacía el asiento de Axel, poniendo su pierne medi cruzada sobre su propio asiento… parecía exultante -  Yo saltando entre la multitud, gritando su nombre. El me oía... y me esperaba con cara de pánfilo...
-         Un poco cara de eso sí tiene...
-         Si no te callas, no te cuento nada – dijo Dani desafiante.
-         Me callo – contestó Axel desanimado.
-         Le seguía y llegaba hasta él. Y nos caíamos. Yo caía encima de él... y al final como no podía decirle nada, le daba un beso en los labios. Y luego... luego nos levantábamos, la gente aplaudía, nos volvíamos a besar... y luego aparecías tú...
-         Vaya, que honor, un rasgo de realismo en tu sueño.
Dani pasó por alto su comentario. Le estaba gustando escuchar en voz alta su sueño... y no pensaba dejarse  llevar por el sarcasmo de su amigo.
-         Sí, aparecías, porque al volver a la plaza, nos interrumpiste un beso, y te presentaste. Yo casi te estrangulaba...
Volvió a callarse. Se quedó mirando hacia delante, como repasando otra vez cada escena, cada sonrisa de su historia, saboreando otra vez los besos que nunca dio a Miguel.
-         ¿Y? – preguntó al cabo de un rato Axel.
-         ¿Y? ¿cómo que “y”?
-         Tío, que,  tu sueño sigue... no te mosquees... solo quiero que me cuentes la peli entera…
-         Pues sí sigue, pero si te vas...
-         No me voy a reír... no me voy a nada. ¿Ves que me ría? ¿Lo ves? ¿A que no? Pues ya. Tira, anda...
Dani se apaciguo con ese momento de genio de su amigo.
-         Luego... soñaba que escribía el encuentro, ya ha pasado un año. Un año en que nos amamos, nos conocimos. Estaba en su casa... y estaba leyendo su relato, porque él escribe. Y había cambiado un poco el encuentro para hacerlo más literario. Y nos perseguimos por la casa, me hacía cosquillas...



Axel le miraba resignado. Estaba claro que esta obsesión de su amigo, no pasaba con el tiempo. Es más, cada vez era peor. Cada vez estaba más ido. Más triste, salvo esos momentos en que soñaba recuerdos de hechos que nunca tuvieron lugar. Se estaba dejando en su aspecto. Se olvidaba de las cosas, no le apetecía ensayar. Solo era él, cuando subía al escenario. Axel tenía la teoría de que era así esperando que Miguel apareciera a escucharles. Y tocaba para él. Por eso era el único momento en que Dani recuperaba un poco el brillo de sus ojos, recuperaba las ganas de vivir... de hacer música.
Axel no entendía a su amigo. Entendería que si se hubieran conocido y hubiera salido mal, por las cien mil cosas que puede salir mal una relación, o que de primeras no le hubiera gustado, o simplemente que no le fueran los hombres... entendería en ese caso que su amigo estuviera triste, deprimido. Pero no entendía que Dani se hubiera pillado de esa forma por alguien que no conocía. ¿Sería necesidad? Eso era lo único que le cuadraría. Dani no estaba pasando bueno momento familiar. Y puede que su mente huyera de esa situación soñando con una relación inexistente. Con un amor imposible. Imposible porque no se puede tener una relación con alguien que no conoces. Con el que siquiera has cruzado una palabra. Pero Axel, aunque no le entendiera, nunca dejaría tirado a Dani. Eran muchas cosas las que tenían juntos. Y nunca le dejaría caer. Sabía que cualquier cosa que le dijera, no iba a ser bien recibida. No era el momento de poner cordura a Dani. Era momento de estar a su lado… y de intentar no juzgarle.
-         Ya estamos llegando –dijo Rodrigo desde el asiento de atrás.
Dani se quedó mirando por la ventana. Su expresión era de tristeza. Parecía que llegando a Burgos, esos momentos de ensoñación llegaban a su fin. Y eso le ponía triste.
-         ¿Podrá acercarnos tu padre a por la furgoneta?
-         Ni lo sueñes. Está enfadado conmigo. Me odia.
-         NO...
-         Sí, me odia. Le he decepcionado, me lo dijo el otro día.
-         Dani...
-         Sí, a ti te cae cojonudo, pero no vives con él, ni eres su hijo.
-         No te enfades anda. Ya le diré a mi viejo, a ver si nos puede llevar a por la furgo. Si no volveremos en bus. Aunque no sé si mis riñones aguantarán otro viaje así.
El autobús entraba en la estación. La gente se levantó rápidamente, antes incluso de que el autobús aparcara definitivamente. Dani no hizo ningún movimiento para levantarse.
-         Venga, tío, vamos, que estoy hasta los eggs del bus éste
Dani al final, se dejó llevar por Axel. Cogieron sus chaquetas, y bajaron al andén. Cogieron sus guitarras del maletero. No tenían más equipaje. Carlos y Gabriel, se fueron los primeros. Rodrigo poco después. Dani se sentó en un banco, y Axel, tras quedársele mirando un rato, se sentó a su lado.
-         Dani, vamos a casa.
-         No tengo ganas... vete tú. No te preocupes.
Axel, se apoyó en el banco. Miró hacia la cafetería. Se fijó en la gente que había sentada en las mesas, esperando. Cruzó la vista con un hombre que levantó la mirada del periódico que estaba leyendo. Unos niños jugaban a su alrededor. Dos mochileros se sentaban en la mesa de al lado del hombre del periódico.
-         Vamos a tomar un bocata, tengo hambre.
-         No me...
-         Ya sé que no te apetece, pero por lo menos espero no tendrás los santos cojones de no acompañarme.
-         Vete tú… yo te espero aquí…
-         Dani… ¡¡¡joder!!!
Axel no sabía que hacer. No dejaba de mirar a Dani. Éste hacía como si no se diera cuenta. Se sentó, se puso sus cascos, por los que por cierto no escuchaba nada, y perdió su mirada en un punto concreto del suelo.
Al final, Axel hizo un gesto de fastidio, de desesperación y se fue hacia el bar de la estación. Se pidió sus bocatas, un para cada uno, y un par de latas de Pepsi. Al final también pidió una caña que bebió sorbo a sorbo, sentado en un taburete, mirando a través de la cristalera hacia Dani. No se movía. Seguía con la mirada perdida en ese punto en el suelo. A veces se sonreía, a veces casi se reía a carcajadas… Axel miró a su alrededor y vio una señora que fumaba. Aunque había dejado de fumar hacía unos meses, se levantó y se acercó a la señora para pedirle un cigarrillo. Lo encendió… y esa primera calada profunda… hizo que se relajara un poco… Dani seguía ahí…
Dani al final se puso un poco de música. Muy bajita… como banda sonora de su película. De esa peli que empezó el día del concierto. Ese día que descubrió a Miguel entre el público. Que le escuchó. Ese día que Axel se enfadó con él y le obligó a ir tras él. Pero no le encontró. Había mucha gente. Eran los días de fiestas, y todo el mundo estaba en la calle. Había casetas además, que eran de tapas, y estaban hasta las narices. Por más que intentó hasta subirse a las farolas, o saltar entre la gente no lo vio. No encontró a Miguel.


Durante toda esa búsqueda, él iba pensando solo que le diría, si sonreiría, si Miguel le contestaría… pero no le encontró. Al final se sentó en un bordillo. Dobló sus rodillas contra el pecho, y puso sus brazos sobre ellas. Y apoyó su cabeza. No pudo evitar llorar un poco. No se hubiera decidido a correr detrás de Miguel, si no le llega a empujar Axel. Pero una vez que había decidido buscarle, no encontrarlo le acababa de hundir en los más negros pensamientos.
Pero los combatió. Peleó contra esa negrura, con una película. Él era el actor principal, y Miguel el co-protagonista. Ya que la realidad no había cumplido sus expectativas, él crearía una historia en la que todo saldría bien. En el que el amor triunfa. En el que hay risas y complicidad. Y en el que hay decisión. En la que hay, resumiendo, todo lo que no hubo en la realidad. Todo lo que le faltó, lo que imaginó, lo que no vio, o lo que vio de más.
Empezó imaginando un encuentro con Miguel… de miradas, silencios. Luego aparecieron los violines de fondo. La cámara dando vueltas alrededor de ellos, rodeados por una maraña de gente. Los primeros días la gente no hacía nada. Después, empezó a aplaudir. Era casi como una escena de Titanic, en las bodegas, cuando Leo y Kate dan vueltas agarrados por las manos. Al final, uno de los dos alargaba los brazos… el otro los alargaba también y se cogían de las manos... sí, sí… como en Titanic. Y empezaban a caminar por entre la gente que les iba abriendo paso, haciendo como un pasillo de honor… y algún día hasta caían pétalos de rosas a su paso. Pero esto ya lo descartó por ser un poco excesivo.
Esa escena,  fue cambiando… él corría y saltaba como un desesperado, esquivando a la gente. En realidad esa parte fue cierta. Dani corrió y saltó y se chocó con la gente, intentando buscar a Miguel. Solo que en la peli de Dani, en uno de esos saltos, le veía. Y le llamaba. Y Miguel le oía. Y le esperaba. Y chocaron, y… sin saber como… se besaron en el suelo.


Dani, cada vez que llegaba a ese punto de la historia sonreía. Daba igual dónde estuviera viendo su peli. En los camerinos antes de una actuación, en la furgo, o en la estación como ahora.
Luego se cansó solo del capítulo del encuentro. Y empezó a alargar la historia. Empezó a adjudicarle algunos detalles a Miguel. Escribía como hobby. Tenía una casa estupenda, grande. No tenía un trabajo en el que ganara mucho dinero. Trabajaba por amistad. Pero lo que pasaba es que había heredado una fortuna. No se había decidido todavía por el trabajo, ni por la cuantía de la herencia. Lo que si sabía era que Miguel no era ostentoso. Era muy humilde. Le gustaba el chocolate, y le encantaba echarle imaginación cuando follaban. No, follar no… “hacer el amor”.
“¡Qué cursilada!”, se decía a sí mismo Dani… pero que cojones, le gustaba. Le gustaba el pastel… ese pastel al menos… y mancharse la nariz con nata, o con  crema, o con chocolate… para la próxima escena de amor con Miguel, se tenía que acordar de incorporar la nata. Y los siropes. Y frutas. Fresas, plátanos, naranjas…
Axel al final había acabado por comprarse un paquete de Marlboro. Detrás del piti que le pidió a la señora, vinieron unos cuantos. Al final se comió su bocata en la barra. Seguía mirando a Dani. Estudiaba sus caras. Aparte de hacía unas horas en el bus, Dani le había contado esos sueños que tenía en más ocasiones. Casi podía seguir la etapa en la que estaba, solo viendo la expresión de su rostro. Aunque había comprobado que la historia iba cambiando.
Axel, estaba cansado. Esa puta pensión… no había pegado ojo. Y luego… Dani… ¡Qué hostias podría hacer para que saliera de ese estado amorfo en el que estaba! Pillarse de esa forma por un hombre al que no conocía. ¿Tan desesperado estaba Dani? ¿Lo de su familia explicaría eso? ¿Sus problemas con sus padres? Porque era guapo, era listo, era un amor… tendría pretendientes a montones… ¿Por qué pillarse así de un desconocido? Todo esto le desesperaba a Axel… le desesperaba y le frustraba.
Se levantó y cogió la lata y el bocata para Dani. Y hacía allí fue. Iba decidido a obligar a Dani a irse con él a casa…

2 comentarios:

  1. Y ya apareció la puta realidad estropeándolo todo, con lo bonito que es soñar...

    Me gustaría tener una Axel en mi vida.

    Muchas gracias por el relato ya sabes lo mucho que me gusta.

    Un abrazo.

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  2. Pfe, por ti lo repito.
    sip.

    besos.
    muchos.
    envueltos.

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