miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hoy, he soñado.

Hoy he soñado.
¿O ha sido una pesadilla?
Creo que ha sido un sueño, pero al despertar, se ha convertido en una pesadilla.
¡Que poca distancia hay entre las dos cosas! Mientras estás soñando, las cosas son bellas. Todo es idílico. Cuando despiertas, la comparación con la realidad, las convierte en pesadillas. El cotejo entre los dos mundos suele ser deprimente.
He soñado que alguien se acepta por fin tal y como es. Se mira al espejo y no ve a un esperpento. Y se da cuenta que puede querer, y que le quieren. Que encontrará a una persona que le acompañe por que la quiera, no por que no se atreva a seguir solo. Y que por fin, entiende que la encontrará... que no necesita arrastrarse por cualquier lado mendigando un beso o una caricia, arrimándose al primero que cruce por delante de él. Que tiene un poco de paciencia para acabar de descubrir que es lo que verdaderamente le gusta, cual va a ser su futuro profesional y vivencial. Y que cualquier cosa que emprenda sin duda tendrá éxito por que él tiene capacidad para hacer todo lo que se proponga. Y que ese buen criterio que tiene para en un segundo hacerse cargo de la situación de los demás y dar la solución más apropiada, también vale para él.
He soñado que alguien, por fin, descubre que es digno del cariño de todo el mundo. Descubre que no necesita ser un payaso, ser gracioso por que sí. Descubre que beber hasta perder la consciencia es una gilipollez. Que no necesita eso para divertirse. Que descubre cual es el punto a partir del cual la diversión se convierte en ridículo y en dolor. Dolor porque en ese momento deja de disfrutar de sus amigos, de la noche, del día, del amor, de la vida. Que muchos le amarán, entre los que encontrará a quien él pueda amar. Porque es buena gente. Porque es ocurrente e inteligente sin necesidad de aditivos. Y todo ello le llevará también a hacer lo que se proponga. Y que su felicidad la tiene en él mismo, independientemente de donde paste.
He soñado que alguien descubre que puede haber finales felices.

He soñado que alguien hace sus sueños realidad. Que se mira a los ojos, en el espejo, y ve que es un tipo que merece la pena. Que vale para aquello para lo que cree destinado, por lo menos para intentarlo. Que por fin su gente le acepta tal y como es, que no intenta cambiarle, que no intenta seguir echando la culpa a fantasmas de ser como es. He soñado que él encuentra el camino para sortear todas esos obstáculos. Que poco a poco su lucha tiene sus resultados. Que ahora que, ya no le cuesta decir “te quiero”, porque ha descubierto que hay gente que le quiere, porque ha descubierto ese sentimiento en casi todas sus facetas, encuentra más compañeros de viaje para decirle esas dos palabras que le asustaban hasta hace poco. Que de una u otra forma ya no está solo, viva donde viva. Que nadie es perfecto, que él no lo tiene que ser tampoco, que no hay necesidad de responder todas las preguntas en un suspiro. Que la sonrisa es más bonita cuando sale del corazón, cuando sale del alma... que esa es la sonrisa que queremos verle.

He soñado que alguien descubre que merecen la pena.
Me he despertado y me he dado cuenta que... todo no era como lo he soñado. Pero me he dado cuenta también, que es posible que mis sueños se conviertan en realidad. Porque lo valen. Porque lo merecen. Creo que en este caso, al final, la comparación no convertirá mis sueños en pesadilla, en lo que pudo ser y no fue.

Mañana seguiré soñando.


 A besar, abrazar y sonreír... porque mola, ¡Qué coño!.

3 comentarios:

  1. Pues si señor creo que tus sueños, como los de Martin Luter King, indican el camino correcto a seguir... Aunque cuando uno sueña esas cosas tiene tan pocas ganas de despertar... Pero al despertar topamos con esa realidad que nos vuelve a situar en la vida, en lo que debemos vivir y que debemos aprender a disfrutar ¿Será eso una pesadilla?

    Me en encantó tu final molón.

    Un abrazo.

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  2. PFE, yo creo que voy a intentar pasar más tiempo en el mundo de los sueños.
    Sip.
    Y tengo que escribirlos.

    besos.
    muchos.
    envueltos.

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  3. Lo peor es comprender que uno mismo puede ser su propio enemigo... el mas poderoso entorpecedor de los buenos propósitos.

    Entre mi infancia y mi adolescencia solía imaginarme como dentro de una armadura... esa armadura impedía que mi verdadero yo tomase contacto con el exterior...

    Pero en mis muy complicados pensamientos, a veces me preguntaba si ese exterior era el que trataba de obrar adecuadamente, y era yo desde el interior el que se lo impedía.

    ¡Hasta cualquier momento, Tato!

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