lunes, 19 de diciembre de 2011

El concierto 2 (6).





Os recuerdo que este capítulo de la historia, ya forma parte del segundo desarrollo. Empieza como el capítulo VI. Pero a partir de un momento, se desarrolla de otra forma.
Espero que lo disfrutéis.
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Discutió con Dani. Más bien fue Axel quién se enfadó, quién chilló, quién intentó obligar a Dani a levantarse…


Dani solo estaba sentado. Con cara de lelo. Miraba a su amigo con pena… como si pensara que Axel estaba intentando ganar una batalla que estaba perdida de antemano.
Axel, aunque se había mantenido en un  segundo plano, siempre estaba, pero nunca intentaba convencer a Dani de que su actitud no le llevaba a ninguna parte, que tenía que reaccionar, posiblemente por el cansancio del día, perdió su norte. Perdió el referente en cuanto a la actitud que debía tener con Dani.
Chilló, se desesperaba… se alejaba de Dani a grandes zancadas, para luego acercarse igual de rápido y decidido cuando se le ocurría un nuevo argumento. Dani solo le miraba. Con cara triste… De vez en cuando le decía… “Axel, no pasa nada”. “No te preocupes por mí” “Estoy guay”
¿Guay?
¿Guay?
Ahí ya Axel se rindió.
Sí.
Cogió sus cosas, se dio media vuelta, y se fue.
Dani le miraba con cara de sorpresa. No se esperaba que se fuera así, sin despedirse, sin darle ese abrazo que siempre se daban, cuando se encontraban, cuando se despedían. “Adiós” le dijo con voz muy baja… casi inaudible, y haciendo un amago de levantar la manos para saludarle…
Se quedó preocupado. Pensó en seguirle, en enviarle un mensaje. Pero lo dejó para la tarde. Ahora… ahora su peli le estaba esperando. Eso sí le levantaba el ánimo… quería… quería rehacer un poco el encuentro. Ya no le gustaba el beso en el suelo, o el primer beso con lengua, al lado de Axel. Le parecía demasiado irreal… creía que debía darle un aire más de verosimilitud. Esas cosas pasaban, pero tampoco era tonto… a él, esas cosas no le pasaban. No de esa forma tan peliculera… ni siquiera creía que fuera capaz de pasarle esas cosas en la peli de su cabeza.
Luego se ocuparía de Axel.
Se levantó del banco de la estación. Empezaba a hacer calor, y ya estaba cansado de los gases de los autobuses. No hacían más que entrar y salir. Cogió su guitarra, su bandolera, y salió de la estación.
No se decidía por quitar ese primer beso que se dieron en el suelo, o el primer beso de verdad. Al final optó por este último. Era mejor dejarlo para un par de días después. Crear otra escena, en un café. Por ejemplo… se lo imaginaba en el “Principal”. A las 7 de la tarde o así. No hay mucha gente todavía. Podría ser su primera cita premeditada. Luego debería ir a ver un concierto de otro grupo de Burgos. Pero tenía tiempo. Ahí charlando… al principio se imaginaba una escena de “cortados”. Unos cafés “cortados” para tomar… y los protagonistas “cortados” por la situación. Al final, poco a poco, empezaron a animarse. Acabaron hablando uno sobre el otro, con una euforia en el cuerpo… parecía que no tenían tiempo para contarse todas las cosa que querían. Era como si quisieran recuperar el tiempo perdido de todos esos meses en que el destino no les había juntado. Porque ellos eran incapaces de dar un paso en ese sentido. Empezaron a tomarse el pelo con sus indecisiones… a contarse esos pensamientos sobre el otro que les acompañaban por la noche, al acostarse. O en el autobús, al ir a trabajar, o mientras paseaban al perro. Dani no tenía perro… pero estaba valorando el adjudicarle un perro a Miguel. Un Bobtail estaría bien…
Seguía caminando… no iba a ningún sitio en concreto.
Vio un banco a la sombra y decidió sentarse.
De repente se le ocurrió mirar al reloj, y pensó que era mejor irse a casa. No le apetecía discutir otra vez con su padre.
Miró alrededor para situarse. Había andado bastante desde la Estación. Estaba en la Quinta, un parque arbolado, semi-salvaje.
Volvió por dónde había venido. Volvió a perderse en sus pensamientos. En su película.
Se le ocurrió pensar en otra situación. Se le ocurrió que estaría guay si se encontraba ahora de frente. Sí, sí… levantar la cabeza y encontrársele. Imaginó las miradas, la sorpresa… se imagino diciéndole “Hola Miguel”… Según iba andando e imaginando, iba haciendo los gestos con la cara… levantaba su mirada… la volvía a bajar… levantaba su mirada…
… y Miguel venía de frente…
Dani se paró. Por primera vez se asustó. Empezó a creer que ya su cabeza le empezaba a jugar malas pasadas. Que empezaba a confundir sus sueños con la realidad.
… pero Miguel se acercaba…
Todavía había mucha distancia entre ellos. Dani empezó a andar mucho más despacio…  su corazón empezó a desbocarse. Se daba golpecitos con su mano izquierda en la pierna. Para darse cuenta de que no estaba dormido. No supo como, pero empezó a escuchar unos pájaros que cantaban… nadie caminaba por ese paseo salvo él. Y Miguel que venía de frente… No sabía como abordarle… cada vez se ponía más nervioso… Quizás era mejor cruzar la carretera y evitar cruzarse con él, evitar que el sueño que estaba en su mente se diluyera por no ser capaz de enfrentarse al personaje de carne y hueso. Siempre sería mejor esa realidad ficticia, creada poco a poco a su medida, en su mente, que una realidad palpable menos gratificante, cuando no frustrante. No podría soportar un no, no sabría afrontar que Miguel no le contestara a su saludo, o que le despreciara, o que…


Miguel seguía acercándose. Andaba despacio, mirando al suelo. Llevaba un aire descuidado, un aire de fin de semana. O de tristeza… de desesperanza… Aunque los dos andaban despacio, Dani supo que tenía que tomar una decisión. Debía pararle a Miguel, saludarle con cualquier excusa. O debía pasar  inadvertido y que el sueño pudiera continuar en su cabeza. O evitar riesgos y cruzar la carretera, y evitar tentaciones. Si no intentaba nada, las posibilidades de éxito en su cabeza no se verían alteradas… Se  paró… necesitaba pensar, tomar una decisión… no dejaba de mirar a Miguel… pasaban por su cabeza a cámara rápida, las imágenes de sus cruces en las mañanas, del concierto… mezcladas con las imágenes creadas por él, de esos besos, de las risas, de cuando le tomó el pelo por salir de casa en calzoncillos… no distinguía ya las imágenes realmente vividas y las que respondían a su imaginación… todo en su mente parecía estar envuelto en una luz… una luz de esas, de los cuentos de hadas… el silencio de los bosques solo roto por los pájaros cantando… serán gorriones, pensó… de repente escuchó a lo lejos, muy lejos un ruido extraño…un ruido que no pegaba con todo lo que estaba viviendo… de repente todo le dio vueltas… ese ruido… parecía como un frenazo… todo le daba vueltas… escuchó un grito muy lejos… le pareció ver a Miguel que levantaba la cabeza… pero no le miraba con alegría, le miraba con terror… no le gustaba, pensó Dani… todo le daba vueltas… Miguel le miraba con terror… volaba… todo le daba vueltas… Miguel le miraba con terror… pero corría hacia él… sintió vértigo… como si estuviera cayendo por un acantilado… escuchó un  juramento… ¿Quién sería?... sintió como si cayera en el suelo, ya no sentía vértigo… Miguel… no veía nada… la película se había roto… no sentía nada… ya no escuchaba a los pájaros… solo escuchaba unas sirenas a lo lejos… se iban acercando… todo era oscuridad… alguien gritó… “le has matado”… alguien le intentaba abrir los ojos… estaba cansado… Miguel… esa jodida pensión… “Voy a dormir un poco”, pensó Dani… y desconectó… cuando alguien le rompía la camiseta… y alguien le abría la boca… y le tapaba la nariz.
Todo era oscuridad.
Miguel… ¿dónde estás mi amor? Miguel… dame un beso… pellízcame para saber que es cierto…
Todo era silencio.
Miguel…
Ya no estaba agobiado… ya no estaba nervioso… Miguel…
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1 comentario:

  1. Sabes que adoro esa historia, que me entusiasma, pero este es uno de los episodios que me encogen el corazón.

    Un abrazo.

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