viernes, 29 de abril de 2011

¿A quién no le gusta un poco de cariño?




Y el que no lo necesite, que levante la mano. Hummmmmmmmmm. Pero tú, aunque la levantes, no me lo creeré. Te haces el duro... sisisisisi, pero tú y yo sabemos, que lo quieres, lo necesitas. El cariño, digo. Pero te da vergüenza.
Pues tú te lo pierdes.
Y en cualquier momento, volveré a empezar  mi colección de besos en este blog.

Como era aquella canción del tren...





Vale. Lo confieso.

Me encantan los trenes.

Me encanta Mocedades, o El Consorcio.

Y me encantan los hombres jóvenes, guapos, simpáticos.

miércoles, 27 de abril de 2011

¿Amor?


Estaba sentado en la repisa de la ventana. Fumaba un Lycky. Echaba el humo por una rendija de la ventana, para intentar que no molestara a Alex. No le gustaba que fumara. Pero ahora, esa noche, ese día, no podía evitarlo.
Habían follado como bestias. No se podría decir que esa noche hubieran hecho el amor, ni pijadas de esas. La sensibilidad la dejaron hoy fuera de la habitación. Se miró los brazos, y comprobó las marcas de los dedos de Álex. También tenía en las piernas. El culo... tenía que tener cuidado cómo se sentaba. Lo tenía ardiendo. Debía estar rojo, rojo. En los pezones distinguía las marcas de sus dientes.
Distinguía desde la ventana, el cuerpo de él. También tenía marcas. Incluso le hizo sangre... no calculó bien la fuerza de un mordisco. Pero dio igual, no pararon ni un instante. Alex gritó, pero él siguió follando su culo sin descanso. Bebió las gotas de sangre que salieron por el pequeño corte, buscó su boca, y saborearon su sangre, como hacía unos momentos habían hecho con su semen, y lo volverían a hacer en unos minutos más.
Lo hicieron durante varias horas. Nunca lo habían hecho de esa forma. Y Juan, no creía que fuera capaz de hacerlo en su vida. Estaba agotado. No recordaba siquiera las veces que había llegado al orgasmo. El último, prácticamente seco. Fue como si se hubieran tomado un par de tripis, y todo estuviera un poco en ese estado intermedio entre la consciencia y el mundo de los sueños. Esta vez venían bien las marcas. Así no había dudas de que eso había sucedido de verdad.
Miró a Alex. Era guapo el jodido. Pero no de esa belleza que no transmitía nada más que un cuerpo bonito, o una cara, o las dos cosas. Era una belleza que te llegaba, te rompía algo ahí dentro. Que te atraía como si fuera un huracán, o una corriente marina, con esa fuerza que no podrías resistirte. No podías resistirte. Y él, no se resistió.
Le persiguió días y días hasta que un día, consiguió emborracharle un poco, y convencerle que hicieran el amor. Alex tenía novio, y hasta entonces se querían... quizás por eso le costó tanto llevarle a la cama. Eso, claro, y que él no era un tío de bandera. Era resultón, pero no era guapo. No tenía tampoco el mejor cuerpo de la ciudad. Pero sabía como llevar a la cama a estos jodidos bellezones. Lo había conseguido con algunos que ni siquiera eran gays. Y Alex, aunque en algún momento había dudado, y aunque se resistió más de lo normal, acabó cayendo. Con ayuda del alcohol, cierto... porque Alex encima de ser guapo, no bebía apenas...
Sonrió mientras echaba la última calada del cigarrillo, y tiraba la colilla por la ventana. La cerró al instante. Casi se queda congelado del frío que entraba. Debería haberse puesto algo encima. Pero le gustaba andar desnudo siempre que podía.
Se le quedó mirando. Ese cuerpo tan perfecto. Alex la verdad es que era tan perfecto en todo... era inteligente... y lo peor de todo, era buena gente.
Después de aquella primera vez, vinieron otras. Al final su novio no pudo negarse la evidencia, y le dejó. Alex le intentó pedir perdón... pero no el otro no cedió. Alex estuvo un poco ido unos días. Pero Juan empezó  a decirle que no le había pasado nunca lo mismo con otro chico, que creía que por primera vez se había enamorado, que le dejara y lo intentara con él...
Pero Alex se resistía. Otra vez una copita de alcohol bien servida, y consiguió que follaran otra vez. Esta vez en los mismos servicios de la disco que solían visitar. Con tan buena suerte que su ex, les vio en plena faena. Juan se sonrió. Recordando la escena que montó el novio. Debían haber quedado para hablar o algo así... Pero ver a su novio con los pantalones en los pies, y su polla en su boca, le quitó todas las ganas de hablar. Ese encuentro le costó 60 euros. Pero fueron bien gastados.
Ya habían pasado dos meses desde aquel día. Le costó otro par de semanas volver a tener sexo con él. Pero ya ahí, casi se hicieron novios. Bueno, novios... lo que fuera. Juan era alérgico a esas relaciones, a esas palabras.
Y hoy... hoy había sido un gran día. Una cena romántica, unos bailes... y a la cama... en plan salvaje. Horas y horas. Y ahora faltaba lo mejor.
Fue hasta su bandolera y sacó un paquetito. Y lo colocó encima de la mesilla en el lado de la cama que ocupaba Alex. Cogió sus calzoncillos y se los puso. Buscó su camiseta, y su polo. Su chaqueta. Sus pantalones. Sus zapas estaba en el salón... fue a por ellas. Ya estaba vestido al completo.
Se sentó en la cama, a su lado. Le dio un suave beso en la mejilla. Alex abrió los ojos., Sonrió.
- Alex - le dijo Juan - me voy. Te dejo. Lo nuestro ha sido muy buen sexo, pero ya me he cansado de ti. No me busques. Me voy de la ciudad.
Alex se incorporó de un salto. Pero Juan ya se había levantado y estaba en la puerta de la habitación.
- ¿Es una de tus bromas?
- Ahí te he dejado las llaves de tu casa, y el anillo que nos regalamos. Y un par más de cosas que me regalaste. Me voy Alex - le dijo Juan, mientras caminaba hacia la puerta del piso.
- Pero...
- Adiós.
Y cerró la puerta del piso.
Alex se sentó en su cama otra vez. Sin fuerzas. No sabía si era un sueño... no lo debía ser, le dolía todo el cuerpo. Unas lágrimas asomaron por sus ojos. No sabía si reír o llorar. Se tumbó en la cama, se puso el edredón por encima... y se durmió.
Soñó. Mucho. Cosas inconexas. Retazos de su vida pasada. De su vida futura. Y sintió que se había equivocado en todas las decisiones que había tomado en los últimos tiempos. Se había equivocado en la percepción que tuvo de ciertas personas.  Se había equivocado consigo mismo.
Y no pudo dejar de sentirse el hombre más ridículo del mundo. Y aun en sueños, lloró de rabia y de impotencia. Y por haber llamado durante toda su vida al sexo, amor.
Se acurrucó. Se hizo un ovillo. Como cuando estaba en el vientre de su madre.
Y lloró.


Se acabó el partido.

Estamos de pruebas.

martes, 26 de abril de 2011

Preparados, listos... ¡ya!

 

Otra vez.
No sé si es buena idea. Siquiera sé, cuando escribo estas líneas si este blog verá definitivamente la luz. Pero aquí estoy.
Es que no sé si merece la pena. Ni sé el por qué. Pero aquí estoy.