martes, 17 de abril de 2012

Filosofando: en realidad solo son divagaciones, no os vayáis a pensar.



¿En qué mundo vivimos? ¿Qué mundo nos hemos dado?
Somos... ¿Qué somos?
Estos días he escuchado los resultados de uno de estos estudios que hacen las Universidades, en general las americanas, en la que se viene a demostrar que los ricos son menos escrupulosos a la hora de respetar las normas de convivencia. Por ejemplo, a la hora de tomar una rotonda y respetar las prioridades. Es algo que ya había observado yo, cogiendo una cierta manía por los que tienen Audis, y Mercedes, o BMWs, o coches de estos japoneses que parecen blindados. Si te encuentras a estos en un cruce, en una rotonda, mejor será que te pares sea cual sea tu situación respecto a la preferencia, si no quieres acabar en el hospital o cuando menos en el taller. Pero lo mismo vale con los autobuses, o los camiones. Parece que todos se mueven al grito de “Ya pararán”.



Así que no es cuestión de ser ricos, sino de tener poder. El poder que da el ser más grande, o el de tener más dinero. Una de las explicaciones que se dan a este comportamiento es que los que tienen poder, lo ejercen sin tener una mínima capacidad de empatizar con el resto del mundo.
Empatizar.
Siempre acabamos con esto de la empatía.
Pero esto, no... a ver... no es solo una cuestión de ricos o pobres, o de poderosos o menos poderosos. Todos tenemos un ámbito de poder, quizás. Unos más que otros. Y creo que en el fondo, todos lo utilizamos en nuestro ámbito de forma a veces absoluta.
Alguna vez he hablado de las personas cultas que se refugian en su cultura, para despreciar a los que no lo somos tanto. Se embadurnan de ese halo de superioridad, de elitismo, para despreciar a los que no somos tan leídos y escribidos. Y me da pena, porque me parece que la cultura, el saber es algo que hay que potenciar, hay que admirar. Pero... si eso se convierte en una forma de pisar al resto, ya no me gusta tanto. Porque además suele suceder que esas personas solo entienden una forma de cultura determinada, muy elitista, sin valorar otras expresiones más mundanas, pero que mueven las sensaciones de mucha gente. Tampoco hay que encumbrar a quienes mueven masas, porque que guste a muchos, tampoco es sinónimo de que es “lo más”.



Pero ese elitismo es curioso, porque necesita de los pobres mundanos para vivir. Elitistas hay cuatro, y vendiendo cuatro libros, o cuatro cuadros, no se gana para comer todos los días. Claro que también existe la posibilidad de que esos elitistas, piensen en ganarse la vida en algún Museo, o en alguna Universidad... vale, pero esos Museos, y esas Universidades, las manteneos todos con los impuestos. Y no pienso que eso no deba ser así, pero creo que eso merece una revisión sobre la opinión de los listos, sobre los tontos. Que al final, los tontos ponemos la pasta.
Los ricos pasa igual. Los ricos sin los pobres, no son nada. Los banqueros sin sus clientes, son papel mojado. Ese estudio dice que los pudientes, hasta les quitaban los caramelos destinados a los niños. Eso sí, no dice el estudio si los niños eran hijos de ricos o de pobres. Es importante este punto a mi parecer.
Pero en sentido contrario, también hay un desprecio. Los menos cultos que desprecian a los que saben, o que los miran de esa forma como diciendo: “Pero qué te creerás tú porque sabes que Mozart no es un café de Burgos, o mejor dicho, que a parte de ser un café de Burgos, es un compositor que murió hace ya un par de años al menos, te creerás mejor que el resto”. Tenemos a Belén Esteban que todas las tardes hace en Tele 5, hace proselitismo de su incultura.
Al final, parece que todos necesitamos defendernos del mundo que nos rodea, de los que saben más, de los que saben menos, de los pobres, de los ricos, de los niños, que nos quitan los caramelos, de las rotondas, que nos agreden sin medida, de los semáforos que se pone en rojo cuando vamos a pasar, y encima como tienen cámara, pues nos sacan la foto y tenemos que pagar la multa... pero claro, si soy rico, me la trae floja, porque eso me lo gasto yo en gambas todos los mediodías, y si soy pobre puedo decir en la barra del bar, delante de una caña bien fría, a pesar de ser enero y nevar fuera “con la multa me limpio yo el culo”; dicho esto poniendo dramatismo al asunto, con gesto adusto...diría incluso que con gesto de estreñido. O de asco.



El caso es que en general, parece que todo gira en que para sentirnos bien, debemos ser más que el de al lado. Más listo, más culto, tenerla más grande, o tenerlas más grandes, si son mujeres, o el pelo más suelto, o tener la cartera más abultada, o el coche más ponente, o la moto que haga más ruido, o saber más pintores flamencos del XVII, o conocer a Monet, o saber la última canción de Navajita Plateada.
Chakespeare es una bahía.
Orson Welles, trabajó en España.
A las Presidenciales francesas se presentó un payaso que en sus carteles se ponía una flor en el culo. Y le votaron unos cuantos. ¡Vive La France!
Las historias de cama y espías de los gobernantes ingleses dan mucho juego.
A mí me aburre el cine de Bergman.
Mientras tanto las empresas siguen creciendo, juntándose, los ricos quieren ganar más, todos quieren ser más ricos. Lo que pasa es que... lo de crear riqueza a veces es una falacia. Es como la energía. La riqueza, ni se crea ni se destruye: solo se transforma. Cuando alguien pierde, en general alguien gana. Y si Europa es muy rica, quiere decir que otras regiones son más pobres.
¿Dónde estamos? ¿Qué mundo estamos construyendo?
Esto parece una pregunta filosófica, o económica... pero... en realidad se refiere a ti, y a ti, y a mí, como personas... si quieres hablamos de la fusión de Citroen y General Motors... pero en el fondo, eso es lo mismo que hacemos en la vida normal, cuando salimos a ligar. O cuando salimos de cañas con los amigos. Cuando hacemos pandilla en contra del raro del grupo, o del listo, o del tonto, o del marica, o del gafotas, o del gordo... es cada vez más raro poder ver y sentir a dos amigos de verdad. Bebemos, nos reímos.. y a veces en general, si nos reímos unos cuantos de la diana del día, será mucho más divertido.
Lo mismo que decimos de las empresas que se defienden atacando, lo podemos decir de cada uno de nosotros: nos defendemos atacando, levantando el mentón y diciendo: yo soy más. En lo que seamos “más”, es un tema secundario. Pero somos “más”.
Esto es una generalización, claro. Tengo la suerte de conocer a personas muy cultas que son muy sencillas, a personas con expedientes extraordinarios que no presumen de ello, incluso a algunos que se sienten avergonzados de decir lo que son. Y a personas sencillas que están encantadas de disfrutar de lo que saben los demás.
Yo soy un tío sencillo que disfruta de lo mucho que sabe el resto del mundo. Aunque ahora que lo pienso, decir esto, ya me parece un poco presuntuoso.
¿Qué somos? ¿Unos reprimidos que atenuamos nuestras carencias despreciando a los demás?

Resumen para LuisM:
  • La vida es una M.
  • Parecemos un atajo de frustrados que solo quiere pisar al de al lado, para sentirse un poco mejor.
  • El tenerla más grande, no supones ser más, sino tenerla más grande.
  • Más grande es una comparación, así que, en todo caso, lo que sienta bien es comparar, no el tamaño. Porque luego, a ver dónde aparcas el autobús... con lo fácil que es aparcar un Mini.

1 comentario:

  1. Una reflexión muy interesante aunque me quedé con las ganas de saber donde estamos y qué mundo estamos construyendo. La verdad que tampoco se decirte qué somos o si somos unos reprimidos que...

    Bromas a parte, a mí me cuesta comprender esos parámetros que mueven la humanidad en general... Y es que puede que error lo cometiéramos como especie hace muchos milenios, però tampoco lo sé.

    Reflexionémoslo por favor.

    Un abrazo.

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