viernes, 8 de junio de 2012

Él.


Siempre estaba en su cabeza. No podía olvidarlo. ¿Quería? ¿Quería pasar página?
Era una pregunta que no estaba en la lista de preguntas a realizarse. Otras preguntas sí estaban:
¿Por qué?
¿A dónde?
¿Quién?
Ese día en que Bruno hizo las maletas y se fue sin decirle siquiera a dónde iba. Sin darle una explicación. Sin decirle si acaso que le había dejado de querer.
Esas preguntas si las hacía.
Pero no hoy, ahora. Ahora tocaba recordar. Sentir.
Apartaba la sábana de su cuerpo, para sentirse libre, pasa sentir el contacto del aire directamente sobre su piel. Cerraba los ojos y solo con ese gesto, ya se le ponía dura. Dura, dura.
Se retorcía en la cama restregando sus muslos, su espalada, su culo sobre la cama. Así hacía con él. Él le iba rozando con sus dedos, aquí, allí, un poco más abajo, y el se retorcía. Luego le echaba una gota de vino en el ombligo, y bebía, otra gota en el pecho, y bebía, una más en la frente "No te muevas que te va a los ojos", y él esperaba y esperaba, y desesperaba: le notaba a su lado, notaba su respiración, podía sentir su sonrisa aunque tuviera los ojos cerrados. Y cuando la gota empezaba a moverse camino de uno de los ojos el se abalanzaba con su lengua fuera para recogerla en su caída. Y aprovechaba y besaba los ojos que seguían cerrados, y... ya empezaba a recorrer su cuerpo. Daniel no se movía, o mejor dicho, no hacía nada, mantenía los brazos hacia arriba, dejando expuestas sus axilas, sus manos hacia arriba mientras Bruno buscaba respuestas en su cuerpo, buscaba sabores con la nata, con el sirope de chocolate, con el vinagre en la ensalada, con su miembro palpitante... duro, duro y Daniel restregándose para aumentar el placer... los ojos cerrados... sintiendo la respiración de Bruno...
No podía olvidarlo. Es más, le gustaba recordar. Ahora debía cambiar un poco la rutina, esa rutina tantas veces repetida y gozada. Ahora era él quien debía bajar uno de sus brazos hasta su miembro y masajearlo suavemente. Y bajar la otra mano, y rozar su pecho, los párpados, las orejas, sus pezones, juguetear con su ombligo...
Pero todavía era pronto. Tenía toda la tarde.
¿Por qué Bruno?

1 comentario:

  1. Hay gente que no sabe dar una explicación, o que no quiere darla, porque puede que su explicación no sea consistente o se avergüence de ella o tema el drama, las lágrimas y prefiera recordar al ser que un día quiso en los momentos buenos... Pero no tener una explicación es tan doloroso...
    Aunque todos sepamos que son pocas las relaciones que duran para siempre a todos nos duelen mucho el día que se rompen... Y necesitamos un "por qué" aunque no resuelva nada.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar