martes, 31 de enero de 2012

Arte en pareja.



Hoy han tocado estas fotos. No sé quienes son los modelos, ni quién es el fotógrafo. Solo sé que me han encantado. Y yo como soy generoso, pues las comparto con vosotros.

lunes, 30 de enero de 2012

Se llama Pepe... ¿o no?





O no, no se, como estos chicos se cambian de nombre cada dos por cuatro...
Venga, va, lo reconozco, lo de Pepe me lo he inventado.
No sé como se llama, me ha dicho que no a pasar el día en mi casa, y eso que le he dicho que no hacía falta que se quitara el sombrero. Y que tampoco hacía falta que se vistiera. En fin.

domingo, 29 de enero de 2012

Un poco de deporte.






En los fines de semana, muchos aprovechan para hacer un poco de deporte. Y parte imprescindible de ello, son los vestuarios, las duchas... esos sitios en los que se producen escenas muchas veces interesantes, emocionantes.
Y en este blog, no podemos estar al margen del tema.
Podías contarme alguna experiencia en vestuarios, o en las duchas...

Clint y Tucker, pasando el sábado en el vestuario.







Clint y Tucker no han esperado ni a llegar a casa. Han estado jugando al tenis, y en los mismos vestuarios, han empezado a disfrutar del sábado.
Sip.
Yo que les iba a invitar a un chocolate calentito... en fin.

sábado, 28 de enero de 2012

Un afeitado antes de la fiesta.









Pues sí, para no rascar y eso.
Un buen afeitado lo puede hacer uno mismo, o siempre es bienvenida la ayuda de alguien. Para eso están los amigos. Vamos, digo yo.

Un propósito de nuevo año.


¡Confesad!
¿Cuántos habéis incluido entre vuestros propósitos de año nuevo, el ir al gimnasio?
¿Y cuantos a día de hoy seguís yendo?

Hoy en "El rincón de tatojimmy":

Joe Flemming - modelo

Drive - La película

Concierto en dos partes

Una buena mañana para correr (78)

La mano con puñal, que me mató tan mal

Pensando en 128 caracteres.

viernes, 27 de enero de 2012

El concierto 2 (10)

No podía creer lo que iba a hacer. Aunque ya no le sorprendía nada de todo lo que estaba pasando.
Se estaba poniendo el traje estéril. Eran las 3 de la madrugada. Se miró en el espejo del vestuario antes de ponerse el gorro y la mascarilla. Dani seguía en la UCI. No había una razón clara para la arritmia que había producido su traslado a la UCI. La Dra. Marquina, la que lo había llamado, no se lo explicaba. Tenía una teoría… pero eran de esas teorías que no se podían probar, por lo que no llevaban a ningún sitio. Sus padres estaban hablando con ella en la habitación. Le estaban comunicando que se iban a llevar a Dani a una residencia dedicada a enfermos “dormidos” en Coruña. Le habían dicho que además, pensaban que era mejor que no tuviera visitas, hasta que se produjera el traslado. La Dra. les comentó que eso no era así, que al revés, todo hacía indicar que este tipo de enfermos estaban mejor con compañía. Pero ellos fueron radicales al respecto. No querían que Dani recibiera visitas. Ni siquiera del doctor Ramírez.
Fue entonces cuando Dani sufrió la arritmia.


Miguel se miró una última vez en el espejo. Solo podía ver sus ojos surcados por unas sombras enormes que indicaban lo poco que había descansado ese día. Y la catarata de emociones por la que había caído.
Cuando volvió de hablar con Axel, ya no estaban los padres de Dani. Sus colegas y las enfermeras le contaron todo lo que había pasado. La investigación que habían hecho los padres de Dani, y como se enteraron de las visitas de dos de sus hijos, y las atenciones que Miguel le dedicaba a Dani en sus horas libres. De su enfado por todos estos hechos. Les daba igual lo que opinaban los médicos al respecto de todo eso… Ellos decidían. Dani estaba incapacitado, y ellos estaban al mando.
Esta noche era la última que podría acceder a la habitación de Dani. Luego, correría el riesgo de poner en problemas a sus colegas, y al hospital. Y a él mismo. Iba a probar la teoría de Axel. No confiaba nada en ella… o sí… o era todo esperanzas infundadas, u otro de sus sueños… no sabía. Lo que tenía claro era que, o  lo hacía esa noche… o las esperanzas se perdían completamente.
Salió del vestuario. Y entró en  el reservado donde estaba Dani.
Había visto  a mucha gente intubada, con cientos de vías, de cables… pero era distinto al verlo en alguien que… ¿qué era lo que sentía por este chico? Iba a decirse en su soliloquio… amor… lo iba a definir así… pero… se negaba a llamarlo así… era irracional… él era médico, debía ser racional… pero era lo que mejor se aproximaba… ¿o sería obsesión?...
Se sentó en la cama. Muy suavemente… solo en el borde… como para no molestar… rozó con su mano enguantada la mano derecha de Dani…
- Sabes Dani…
Paró… pensó como seguir… llevaba toda la noche pensando como le iba a hablar. Decenas de formas se le ocurrieron. Pero ahora, ninguna le parecía bien…
- No sé que decirte. Mil veces me he imaginado el encontrarme contigo en la calle, y decirte… decirte que me gustabas y que me gustaría conocerte… Pero por mucho que soñé con formas verdaderamente rocambolescas, nunca me imaginé que estuviera en la UCI, hablando contigo en ese estado de inconsciencia del que no quieres salir…


Paró un momento. Levantó la vista, hasta ese momento había hablado mirando la mano de Dani, o mirando al suelo… Le cogió la mano…
- He hablado hoy con Axel. Buen tío. Creía que era tu novio o algo así. Ya me ha dicho que no. Pero te quiere mucho. Sabes, yo creo que si te pasara algo, moriría de dolor. Debes de ser especial para conseguir tener amigos así. No todos lo consiguen. Tiene una teoría… pero luego no le cuentes que te lo he dicho… ¿Lo prometes?
Miguel esperó una respuesta…
- Entenderé tu silencio como que sí, lo prometes… él piensa que estás en el mundo de los sueños. Y que crees que no encontrarás mejor vida en la realidad, que en tus sueños. Que por eso no despiertas. ¿Cómo me sueñas? … Casi mejor no me lo digas, seguro que es mucho mejor de lo que en realidad soy…
Volvió a hacer una pequeña parada...
- Estás ahí, en la cama… panza arriba… me dan ganas de abrazarme a ti y decirte al oído que todo va a salir bien… pero no sé… Sabes, me he imaginado estos meses mil formas de conocerte… esto creo que ya te lo dije… y mil escenas de los dos juntos, bromas, ratos en los que los dos estamos juntos, abrazados… Mil formas de hacerte el amor… me he imaginado cientos de veces recorriendo cada milímetro de tu piel con mi lengua, o dándote besos, o lamiendo todos y cada uno de tus poros. Me he imaginado dándote masajes en los pies, después de que volvieras de los conciertos. O yendo a ellos y sacándote fotos… o incluso actualizando vuestra página web, que la tenéis un poco abandonada por cierto…
Se levantó un momento. Anduvo un rato alrededor de la cama… se sentía mal… aunque decir todas estas cosas en voz alta, le estaba haciendo bien… pero… cada vez tenía más la idea de que esto no serviría de nada. Tenía un presentimiento… Dani no querría despertar nunca. Y un buen día, moriría. Sus padres… no les entendía…
- He luchado contra todos estos sentimientos. No los encuentro racionales. No encuentro normal que me enamore de un chico al que no conozco… Dani… no te conozco apenas. No… miento, no te conozco en absoluto. Estos 4 meses que llevas aquí he visto como has calado en ciertas personas que tienes a tu alrededor… en Axel, en tu hermano Borja, en tu hermana Silvia. Me han dicho que tienes otros dos hermanos, pero ellos no han venido, o no les he visto al menos. Tienes una familia rara… no lo entiendo. Pero… debes ser excepcional, porque aún así, Borja y Silvia han venido todo lo que han podido… Borja me hace reír… es un cabrón… Y Axel… me ha contado todo lo que has hecho por él… Debes de ser un chico excepcional… Me hubiera gustado conocerte, e intentar conquistarte… No te puedo ofrecer gran cosa… Sabes, cuando antes de cruzarme en tu camino soñaba con una pareja, no me la imaginaba como tú. Me la imaginaba mucho más mayor, con una profesión aburrida… Me imaginaba los dos serios y circunspectos, sentados los dos leyendo el periódico por la mañana, ante un zumo de naranja recién exprimido, y un actimel. Llegaste tú, tan joven, tan libre… o eso parecías, ahora lo empiezo a dudar… con esa mirada, con esos ojos… con esa vitalidad… con esa timidez… yo te imaginaba seguro de ti mismo… pero hablando…
-         … me estoy dando cuenta que vas a coger manía a Axel… pero él me ha contado todo esto porque te quiere… ¿Cómo pudiste pensar que alguien como yo no se fijaría en ti? ¿Un niñato? Que sepas además que me has costado un dineral en teléfono. He estado hablando con Axel por teléfono esta tarde cerca de 3 horas. Una pasta… Ya te lo cobraré… ¡¡en carne!!...
-         ...
-         ...
- … aunque eso será si quieres despertar…
Miguel miró el reloj. Debía acabar ya. Si no quería tener problemas, debía irse. Llevaba casi hora y media ahí… con Dani…
-         Dani, me voy a tener que ir. Estaré unos días lejos. Mis jefes… bueno, parece que tus viejos me han puesto en su punto de mira. Les han dicho que no soy buena influencia… se han enterado que iba a verte a la habitación todos los días. Axel dice que han relacionado el Miguel del que hablas en sueños conmigo. Antes era solo el DR.  Ramírez, el que había salvado a su hijo de una muerte cierta… ahora soy el acosador que quiere beneficiarse a su hijo… ese marica… ¿Hablas en sueños? ¿Y hablas de mí? Vaya…
-         ...
-         ...
- … Pues eso… que me han aconsejado que me vaya unos días… y me iré. Creo que tendría problemas si no lo hiciera, e incluso podrías tener tú problemas… a lo mejor encuentran un sitio dónde llevarte que esté en Canarias, o en Hawai, Bombay… son dos paraísos…
Dijo esto último canturreando la melodía de Mecano.
- Así que querido… mejor será que despiertes y me busques. Axel tiene mi teléfono. Y si no, preguntas por Marta, la enfermera jefe de esta planta, y ella me llamará. O la pides el teléfono… Me voy a Málaga. Mi amigo Carlos seguro me saca una sonrisa… y hace que me olvide de la angustia que tengo en el cuerpo… lucha jodido… sal de ahí… sal de ese cuarto dónde te has metido… tienes 20 años… lucha por ti… cualquier cosa es mejor que esa nube dónde estás… eres tan guapo, tan… eres especial ¡maldito! Si no es por mí… si has descubierto estos días que soy un gilipollas que no merece la pena, que has perdido el tiempo soñando conmigo… sal… hay tantos que daría un brazo por encontrar alguien como tú… jodido maldito… ¡¡niñato decías!! Una paliza te daría yo…


Miguel se levantó. Miguel se dio la vuelta para que no le viera Dani… porque estaba llorando… se dio cuenta que era una idiotez. Dani no le podía ver… y estaba por ver si le podía oír. Se dio la vuelta y encaró a Dani. Se agachó despacio… y le dio un beso en la frente. Giró sobre sus talones, y salió sin mirar atrás…
Iba caminando por el pasillo y se iba quitando el traje estéril. La mascarilla, la bata… lo iba tirando en las papeleras que se iba encontrando…
…llegó a las escaleras y las bajó corriendo, de dos en dos…
…salió a la calle… hacía frío…
… cruzó la calle… y seguía corriendo…
… subió por un camino que llevaba a unos jardines en la montaña que había enfrente del hospital…
… subía corriendo… iba quedándose sin resuello…
… vio un banco y se sentó… estaba mojado, pero no se dio cuenta…
… se tapó su cara con sus manos… y lloró… lloró como no lo había hecho desde que era pequeño y su madre le dio un azote delante de todos sus amigos… lloró de forma espasmódica… estaba sin resuello… no podía respirar… lloró…

jueves, 26 de enero de 2012

Parejas con diferencias.






Es una de las posibilidades que da la vida, enamorarte de una persona que tenga muchos años más que tú, o muchos menos. La edad es una de esas cosas que echa para atrás a muchos. Yo alguna vez he sentido como le gusto a un chico y éste ha puesto todas las barreras posibles entre nosotros, porque no estaba dispuesto a tener algo con una persona que le sacara unos años.
Ellos se lo perdieron.
Hoy, este post está dedicado a los que no les importan las diferencias a la hora de amar. Incluso, se lo dedico especialmente a aquellos que gustan de las diferencias.
¡Hala!

miércoles, 25 de enero de 2012

martes, 24 de enero de 2012

Pero mírales... todavía siguen la fiesta...



Pero que ya vale, hay que recuperar, que luego los excesos se acaban pagando...

Hoy en "El rincón de tatojimmy":

Concierto en dos partes

Una buena mañana para correr (78)

La mano con puñal, que me mató tan mal

Pensando en 128 caracteres.

Jon Kortajarena, en número 1.

Noche fin de año - la película.


Biron vuelve.



No hace falta que os presente a Biron. Es un fotógrafo americano, que suele tener la gentileza de enviarme de vez en cuando alguno de sus trabajos, para que yo los comparta con todos vosotros.
Sus trabajos son siempre interesantes, y en muchos casos provocativos. Son característicos los usos que hace del color, y de la luz. Así como que suele usar modelos no convencionales. Y no le cuesta experimentar con situaciones, o con temas provocativos.
Hoy os adelanto estas dos fotos, pero en estos días, colgaré el resto de la serie.
El resto de las fotos de Biron en este blog las encontraréis pinchando aquí.

lunes, 23 de enero de 2012

El otoño llegó en bicicleta.




En las pálidas tardes
yerran nubes tranquilas
en el azul; en las ardientes manos
se posan las cabezas pensativas.
¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños!
¡Ah las tristezas íntimas!
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota,
tras cuyas ondas trémulas se miran
los ojos tiernos y húmedos,
las bocas inundadas de sonrisas,
las crespas cabelleras
y los dedos de rosa que acarician!


En las pálidas tardes
me cuenta un hada amiga
las historias secretas
llenas de poesía;
lo que cantan los pájaros,
lo que llevan las brisas,
lo que vaga en las nieblas,
lo que sueñan las niñas.


Una vez sentí el ansia
de una sed infinita.
Dije al hada amorosa:
-Quiero en el alma mía
tener la inspiración honda, profunda,
inmensa: luz, calor, aroma, vida.
Ella me dijo: - ¡Ven! - con el acento
con que me hablaría un arpa. En él había
un divino idioma de esperanza.
¡Oh sed del ideal!
Sobre la cima
de un monte, a medianoche,
me mostró las estrellas encendidas.
Era un jardín de oro
con pétalos de llamas que titilan.
Exclamé: - Más...


Suspiró.


Se echó hacia delante en el asiento del coche, para mirar por el parabrisas al cielo. Una mueca de disgusto se asomó una vez más en su cara. No parecía que la lluvia torrencial fuera a parar. Este otoño maldito que había irrumpido esa misma mañana, para recuperar el tiempo perdido. Era mediados de octubre y el cielo seguía negro, negro, sin visos de abrirse a algún claro, apenas cinco minutos, que le permitiera llegar a su casa sin sin que el agua llegara hasta sus calzoncillos. Añoraba esos días en los que no le importaba calarse hasta los huesos, en los que caminaba sin rumbo los días de lluvia, mirando al cielo y pidiendo, al contrario de hoy, que el agua manara para toda una eternidad, y que en la siguiente, al menos la mitad, fuera más agua y le permitiera seguir caminando bajo la lluvia, y quizás, cantando bajo ella, aunque fuera en voz íntima, para él y nadie más.





La aurora
vino después. La aurora sonreía,
con la luz en la frente,
como la joven tímida
que abre la reja, y la sorprenden luego
ciertas curiosas, mágicas pupilas.
Y dije: - Más... - Sonriendo
la celeste hada amiga
prorrumpió: - ¡Y bien! ¡Las flores!



Y las flores
estaban frescas, lindas,
empapadas de olor: la rosa virgen,
la blanca margarita,
la azucena gentil y las volúbiles
que cuelgan de la rama estremecida.
Y dije: - Más...



El viento
arrastraba rumores, ecos, risas,
murmullos misteriosos, aleteos,
músicas nunca oídas.
"El hada entonces me llevó hasta el velo
que nos cubre las ansias infinitas,
la inspiración profunda
y el alma de las liras.
Y lo rasgó. Y allí todo era aurora."
En el fondo se vía
un bello rostro de mujer.



¡Oh; nunca,
Piérides, diréis las sacras dichas
que en el alma sintiera!
Con su vaga sonrisa:
- ¿Más?... - dijo el hada.


Y yo tenía entonces
clavadas las pupilas
en el azul, y en mis ardientes manos
se posó mi cabeza pensativa...

Felipe acabó de recitar. Rubén Darío.
El tiempo pasa. Las estaciones se suceden sin pausa, con prisas cada vez mayores. Las lluvias dejan paso a otras lluvias, los años, el peso de la madurez, la tristeza, la melancolía... el desamparo anida en nuestro espíritu.
Felipe suspira. Escucha caer la lluvia sobre los cristales. Escucha caer en sus recuerdos a ese ciclista que pasaba todas las mañanas por su casa. Él se sentaba a tomar el desayuno frente a la ventana del porche. Le veía todos los días, a las nueve y cuarto, y diecisiete como mucho. Pedaleaba alegre, inclinado sobre el manillar. Su mochila a la espalda. Sus auriculares en las orejas.
¿Qué música escucharía?
Pensó un tiempo que sería algo estilo Westlife, o ese cantante de voz ronca, italiano, del que nunca se acuerda del nombre. Ese que luego dijo un día que era gay, para disgusto de millones de mujeres que se alegraban con sus huesitos, y para alegría de los miles de hombres que hacía lo mismo. Cambiaron las tornas, las alegrías se convirtieron en tristezas, y viceversa.
Pero el chico de la bicicleta no escuchaba a Westlife, ni a Amy nosequé. Escuchaba a Smashing Pumpkins. Y a Pereza. Lo pudo comprobar un día que coincidió con él en la tienda del barrio. Lo llevaba tan fuerte que era imposible no escucharlo.
Le sonrió. Ese día le sonrió. ¡El chico de la bicicleta le sonrió!





Soñó con ese gesto el resto de la semana. Aquello ocurrió un jueves. El viernes, cuando salió de trabajar, se tumbó en la cama a rememorar ese momento. Y lo hizo esa tarde, y el sábado entero, y el domingo, y el lunes no pudo, porque tenía que ir a trabajar, pero... lo vio pasar en bicicleta, por delante del porche de su casa. Ese día salió a desayunar fueray eso que hacía frío, mucho frío. Pero quería saludarle con la mano, sonriendo también él.
Él en el porche.
El chico de la bicicleta en la calle, dando pedales, despacio, a cámara lenta.
Dos miradas se cruzaron.
Dos sonrisas, una en el porche, otra en la bicicleta, en el chico concretamente.
Cámara lenta. Más lenta.
Una sensación mucho mejor que la de un orgasmo le recorrió todo el cuerpo.
“Esto debe ser amor” se decía por entonces Felipe.
El martes repitió.
El miércoles no pasó. Ni el jueves, ni el viernes.
Y ese lunes tampoco.
El martes tampoco, ni el miércoles.
El jueves no salió ya al porche. El viernes estaba deprimido.
El chico de la bicicleta tardó en volver.
Un mes, o quizás dos.
La lluvia arreciaba. Felipe miraba desesperado el reloj. Llegaría tarde a su cita. Pero no iba a hacerlo empapado.
Él estará empapado, pensó.
Los dos estaremos empapados.
Pero no se decidió.


El viento
arrastraba rumores, ecos, risas,
murmullos misteriosos, aleteos,
músicas nunca oídas.
"El hada entonces me llevó hasta el velo
que nos cubre las ansias infinitas,
la inspiración profunda
y el alma de las liras.
Y lo rasgó. Y allí todo era aurora."
En el fondo se vía
un bello rostro de hombre.


Cambió la mujer por el hombre, del último verso de la estrofa. Sonrió. Le hizo gracia la adaptación que había hecho. Era una bobada, pero a él esas cosas le hacían gracia.
Ese día, el día en que volvió a verlo, le pilló de sorpresa. De hecho lo vio desde la ventana de su habitación, en el primer piso, que da también a la parte de delante. Eran las nueve y dieciocho. Felipe abrió rápidamente la ventana de la habitación. y saludó a la espalda del chico de la bicicleta.
“Se llama ciclista”, le reconvenía su parte purista y estirada.
“A mí me gusta chico de la bicicleta”, se impuso a su sombra con rotundidad y sin derecho a réplica.
A partir de ese día, volvieron las rutinas del desayuno en el porche. Ya era primavera, casi verano. Y el chico de la bicicleta pasaba todas las mañanas, entre las nueve y cuarto, y las nueve y diecinueve.
Y se saludaban con amabilidad todos los días. Y sonreían al saludarse. Y Felipe cada día estaba más enamorado del chico de la bicicleta.
La señora del 35 de su misma calle, también pasaba justo después. Y también sonreía. Pero ella no pasaba a cámara lenta. Felipe la saludaba también. La señora del 35 era una buena mujer, siempre lo decía Felipe a quién le escuchara.
Unos nudillos golpearon el cristal. Felipe se sobresaltó. Bajó la ventanilla a todo correr.
- ¿Eres tú Felipe Cardona? Habíamos quedado... Es que... ¡Joder si eres tú!
El chico con el que hablaba se bajó la capucha del impermeable, y entonces a Felipe le dejó de importar la lluvia, el mojarse el traje nuevo, los zapatos que no aguantan muy bien el agua, ni siquiera le preocupó que el agua de la lluvia le empapara los calzoncillos. Esto era una señal, y...
- ¡Me recuerdas!
El chico mojado le miraba fijamente.
Felipe lo miraba con expectación.
- Nunca pensé que un chico como tú me mirara.
El chico callaba.
- Pero me has visto, así que me miraste.
El chico esbozó una pequeña sonrisa.
- Nunca pensé que fuera objeto de tu interés.
Ahora era el chico mojado, antes en bicicleta, el que hablaba.
Callaron. Y se miraron.
Felipe intentó abrir la puerta del coche.
- Pero ¿qué haces? Te vas a empapar.
- Quiero besarte.
El chico de la bicicleta, ahora mojado le miraba descolocado.
- No... pero yo... - no atinaba a hablar.
- Te preguntabas si me interesabas. Y la respuesta es sí. Me preguntaba si me veías, y has respondido que sí. Lo más normal es que nos besemos.
Callaron de nuevo. A Felipe su argumentación le parecía apabullante.
El chico de la bicicleta, cada vez más empapado, miraba al cielo. No lo hacía directamente, porque no hubiera podido tener los ojos abiertos. Pero miraba al cielo en busca de una respuesta. En el cielo, decía su abuela, estaban todas las respuestas, da igual que creas que no creas.
En ese momento, Felipe consiguió abrir el coche. En lo que tardó en ponerse de pie, ya había echado a perder su traje de 1.200,00 €. Y los zapatos de 280,00 €. El chico de la bicicleta era un poco más alto que él. Era mucho más joven que él. Era mucho más guapo que él. Tenía la mirada limpia, ahora lo veía. Aunque era ahora una mirada en busca de una respuesta. Estaba guapísimo así con la ropa pegada a su cuerpo. Habían pasado 6 años desde la `primera vez que vio a ese chico. 4 desde que lo dejó de ver. Él no lo sabía, pero el chico de la bicicleta, le había echado el ojo muchos meses antes. Por eso pasaba todos los días por delante de su casa, para lo que daba un rodeo de casi 20 minutos, y le hacía llegar tarde casi todos los días a clase. Pero sonreía muy bien, y los profesores le perdonaban.
- Ya estamos igual de empapados.
Sonrieron nerviosos. A ninguno le acudían las palabras a su garganta.
El chico de la bicicleta volvió a mirar al cielo. Después de casi 7 años, esta era su oportunidad. Debía decidir si arriesgaba y vivía algo con lo que había soñado, pero que había considerado eso, solo un sueño, o seguir con su vida, y casarse en dos meses, como tenía previsto. Vivir un sueño, pero que no sabía las consecuencias, o vivir su vida, con Sandra. Una relación serena, con mucho cariño, pero sin ese plus que algunos querían en sus vidas. Sin las mariposas en el estómago, ni la corriente eléctrica en su miembro viril.
Felipe se acercó al chico de la bicicleta. Rodeó su cuello con su mano, y acercó su cabeza a la suya. Juntó su boca con la de él. La besó suavemente. No podía perder ya más tiempo. Era su oportunidad. Era la oportunidad de tener al chico de sus sueños, por el que había aparcado a todos los demás, a los que ni siquiera había visto.
Pararon unos instantes, se miraron. Felipe estaba seguro, el chico de la bicicleta, dudaba.
Felipe volvió a besarle. Despacio, largo.
- Me voy a casar – dijo entonces el chico de la bicicleta.
Lo dijo de sopetón, sin mirar a Felipe, casi sin respirar.
Felipe se quedó parado. En un segundo todo se derrumbó. En 10 minutos había levantado un castillo que llevaba proyectándolo 6 años, y en lo que se tarde en decir cuatro palabras, todo volvía a esfumarse.
- Tengo que irme.
El chico de la bicicleta, ni siquiera miró atrás. No quería volver a dudar. Es duro acariciar un sueño esperado durante siete años, poder asirlo con sus manos, vivirlo, disfrutarlo, y padecerlo, por qué no... y dejarlo escapar... la vida son más cosas que sueños. Son realidades, personas, responsabilidades, decisiones... Si cuatro años antes hubiera tenido el coraje suficiente de acercarse a él, y decirle, y... o si lo hubiera tenido Felipe Cardona...
Felipe lo vio irse. Cerró el coche.
Fue hacia su casa despacio. Llovía menos.
Cuando llegó al porche, apenas caían unas pocas gotas. Se sentó entonces un rato en una mecedora que tenía allí. Sus pantalones enseguida hicieron un charco a su alrededor. Y los zapatos estaban hechos un desastre. Se los quitó, y los calcetines detrás. Entonces pensó en que debía quitarse la ropa mojada.
- Buenas tardes vecino.
Devolvió el saludo con la mano. Ni se inmutó porque le viera en calzoncillos. Era Jimena la señora que vivía en la casa de al lado. Buena gente. Ya había dejado de ir en bicicleta, pero no de sonreír.
Entró en casa.
Cerró de un portazo. Le empezaba a salir ahora la rabia, la desesperación por su propia cobardía, la de hacía seis años, la de hacía cinco. La mala suerte de hacía cinco minutos. Se tocó los labios, recordando el nervioso palpitar de sus labios, de los del chico de la bicicleta.
Cuando estaba subiendo la escalera, llamaron a la puerta.
- ¡Vete al infierno! - gritó enfadado Felipe.
Insistieron.
Volvió sobre sus pasos iracundo.
No pudo decir nada. Unos labios cerraron su boca. Unas manos recorrieron en un segundo su cuerpo. Una lengua jugueteaba con la suya.


Cayeron al suelo.
Y siguieron besándose.
Un poco más tarde, sobre la alfombra del salón, frente a la chimenea encendida, y dos copas de vino, Felipe recitó al oído a Bécquer:
Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan y, al besarse,
forman una sola llama.
Dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan.
Dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata.
Dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y, al juntarse allá en el cielo,
forman una nube blanca.
Dos ideas que al par brotan;
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden;
eso son nuestras dos almas.



Se casaron. Dos meses más tarde.
Y tiene por costumbre pasear cogidos de la mano, mientras diluvia sobre la ciudad. Y a veces, se sientan en el jardín de atrás de su casa, y se besan apasionadamente mientras jarrea.

Dedicatorias:
A Alberto, por inspirarme la forma.
A Mackandal, por el chico de la bicicleta.
A todos los que os gustan los finales felices. Los que necesitáis de los finales felices.

domingo, 22 de enero de 2012

Una capucha...


El otro día vi a un chico por la calle que llevaba una capucha, y que me hizo imaginar una historia de amor. Algún día os la contaré.
Lástima que fuera imaginada...

Hoy en "El rincón de tatojimmy":

Una buena mañana para correr (78)

La mano con puñal, que me mató tan mal

Pensando en 128 caracteres.

Jon Kortajarena, en número 1.

Noche fin de año - la película.

Los juguetes perdidos: Un cuento de Navidad


Amor en prácticas.




Tiene su importancia estas "prácticas". Aunque no es lo único. Y si practicar el amor es lo único en lo que se basa una pareja... no sé... algo falla ¿no?
O a lo mejor tú solo compartes con tu chico los momentos de acción. ¡Cuéntame!
¿qué utilizas el sábado noche para las prácticas? pues cuéntamelo el domingo por la mañana.

Hoy en "El rincón de tatojimmy":

La mano con puñal, que me mató tan mal

Pensando en 128 caracteres.

Jon Kortajarena, en número 1.

Noche fin de año - la película.

Una buena mañana para correr (77)

Los juguetes perdidos: Un cuento de Navidad


sábado, 21 de enero de 2012

Jacinto se levanta de la siesta.


Está un poco desorientado todavía. Y me da que no sabe muy bien qué va a hacer en este sábado. ¿Irá a bailar? ¿Un encuentro con los amigos? ¿Su novio le espera en casa?
NO sé...

Hoy en "El rincón de tatojimmy":

La mano con puñal, que me mató tan mal

Pensando en 128 caracteres.

Jon Kortajarena, en número 1.

Noche fin de año - la película.

Una buena mañana para correr (77)

Los juguetes perdidos: Un cuento de Navidad


Alex Belour, mi invitado de este finde.










Como está haciendo muy bueno este año, pues he decidido irme a la casa de la playa con Alex. Es más majo, y es que es alegre, y le gusta la fotografía, y te cuenta sus cosas con una cosa... da gusto escucharlo.
Ya me perdonaréis pero estaré ocupado entonces.

Hoy en "El rincón de tatojimmy":

Pensando en 128 caracteres.

Jon Kortajarena, en número 1.

Noche fin de año - la película.

Una buena mañana para correr (77)

Un poco de gracias: a vosotros.

Los juguetes perdidos: Un cuento de Navidad