lunes, 18 de marzo de 2013

Por la mañana, apenas amanecía.

Pronto.
Es por la mañana.
Apenas el sol lleva unos minutos luciendo en todo su esplendor.
Lorenzo sale de guardia. Soñoliento. La luz del sol le molesta y entrecierra los ojos para contrarrestarla. 
Tag le ha ido a recoger.


Tag volvió de viaje el día anterior. Llevaban un mes si poder verse.
Cuando Lorenzo atravesó el puesto de control del cuartel, Tag se fue acercando lentamente. Sonreía. Puso su cabeza de medio lado, y puso su mejor cara de amor.





Lorenzo intentó disimular... no le gustaba exhibir su amor cerca de sus compañeros. Pero,  Tag inasequible al desánimo y sin demostrar sus intenciones previamente, le levantó la camiseta y le besó en un pezón.
Lorenzo quiso apartarlo, y ponerse serio, pero la sacudida que dio todo su cuerpo y el corazón que le latía a mil, hizo que ese enfado, se conviertiera sin más en un deseo irrefrenable de besar, tocar, lamer a su chico.
Y eso hizo, sin tan siquiera separarse de la valla de protección del cuartel. Ni siquiera se acordó de sus compañeros, o que estaba amaneciendo, o que estuvieran en la calle. NI tan siquiera recordó que en unos minutos pasaría el pelotón de guardia que recorría cada tanto todo el perímetro de las instalaciones.

1 comentario:

  1. Una historia muy linda, todos deberíamos tener un Tag que nos esperara con esa pasión y un Lorenzo a que esperar apasionadamente... Uishh que cursi me ha quedado...

    Un abrazo.

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