sábado, 29 de junio de 2013

Erik y Louis, con delicadeza.





Siente su calor. Lo acaricia suavemente, despacio. No hay prisa. Nota como gana en dureza, como llega a palpitar.
Tiene ganas de bajar la cabeza y metérsela en la boca, pero... ahora es incapaz de soltarla. La suavidad de su piel, su calor, su dureza entre sus dedos, solo ello... le hace vibrar de placer y felicidad.
Cierra los ojos para percibir mejor todas las sensaciones; aprovecha para imaginar lo que va a seguir, los besos apasionados, su lengua recorriendo lo que ahora recorren sus dedos, recorrer también el resto de esa piel que ama y que le hace sentir tan seguro.
Pero eso será después.
Ahora, cuando abra los ojos, solo mirará a su amado, mientras su mano sigue sintiendo incansable ese miembro que le hace derretirse de placer.
Luego besará sus labios.
No hay prisa.

1 comentario:

  1. Cuanta ternura, y parecen tan jovencitos... Y es que estas cosas me encantan. Hace poco el calor de una mano en mi nalga obró en mi maravillas. ;)

    Un abrazo.

    ResponderEliminar