jueves, 2 de enero de 2014

La historia de Pedro.


A Pedro le gusta salir al campo a disfrutar de la naturaleza. Le gusta andar sin rumbo y dejar que el aire acaricie su desnuda piel. Le gusta que el sol tueste su cuerpo a placer, sin ocultar nada a su acción.

 
Eso el viene bien para su profesión, porque se dedica a ser modelo de desnudos. Y el que apenas se note las marcas del bañador le confiere un valor especial para los fotógrafos.


La culpa de ello, la tuvo Antonio, el fotógrafo que le sedujo primero, y después le convenció para posar para él. Al principio no quiso, porque le daba reparo, pero las bellas fotos que su hombre le hizo en aquellas primeras sesiones lo convencieron. Eso y comprobar que después le llovieron propuestas para seguir con ello.


Incluso le llegó alguna propuesta de pasarela, que acabó aceptando. Pagaban bien porque decían, daba morbo verle vestido y recrear su cuerpo que poco antes a lo mejor, habían visto en alguno de sus trabajos fotográficos de desnudo.


Todo esto empezó a pasarle factura. Una actividad cada vez mayor, Antonio le dejó por un nuevo chico... una mañana de sábado, le costó levantarse de la cama. Se preparó una taza de té, y salió al balcón. Y así pasó el día, mirando la calle, dejando que el teléfono sonara y sonara. Muchos le llamaban pero él se sentía a cada momento, más solo.


Había otra razón para su preocupación.  El lunes debía ir a rodar su primera película porno. Le habían ofrecido tanto dinero que se le nubló la vista y aceptó. Pero poco después, le empezaron a entrar remordimientos, porque eso le podía truncar la carrera de modelo artístico. Pero ya era tarde. Debió hacerlo porque el que le contrató no estuvo muy amable cuando le comentó sus dudas. Incluso le amenazó con partirle las piernas.


El rodaje fue un desastre porque los nervios le atenazaron y no se ponía a tono cuando debía. Pero al final pudo conseguirlo. En la última escena apareció un señor muy elegante que se presentó como Ginés de la Cuesta. Le sonaba de haberlo visto en alguna de las reuniones sociales a la que le habían invitado. Insistió en que fueran a cenar a su casa: "algo informal". Pedro no supuso que el algo informal supusiera desnudarse. Y aunque al principio no le gustó la idea, sus ganas de acabar con todo ese lío, le empujaron a hacerlo.
- No te preocupes por la película, que no la verá nadie, la he comprado.
Pedro interrogó con la mirada con un punto de miedo en ella.
- No te asustes. Solo quiero lo mejor para ti. Me enamoraste en cuanto te vi en aquellas fotos de Antonio. Ahora estoy decidido a conquistarte.


Pedro se disculpó y se fue a casa. Estaba confuso. Se desnudó y se tumbó en su butaca preferida. Se hizo un ovillo y se tapó los ojos con la mano. Pensó en lo más conveniente, en lo que le decía su corazón, su razón... pero esa noche, de momento, no consiguió nada. Aunque dormir, solo eso, fue un gran avance. Esa noche, Pedro pudo conciliar el sueño, un sueño tranquilo.
Ya pensaría en lo que ese Ginés le movía por dentro, o en lo que le convenía.

1 comentario:

  1. Una linda història, yo también quisiera un Ginés como ese... Aunque claro yo no tengo el cuerpo de Pedro.

    Un abrazo.

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