miércoles, 4 de junio de 2014

El soldado del Zar.




Es fácil imaginar, viendo a este chico, a un soldado del Zar esperando a complacer a alguno de los grandes de Rusia. O incluso podríamos imaginar a ese joven aristócrata que encandiló a un famoso y grande compositor ruso.
Posiblemente este uniforme no sea ruso, lo más probable es que sea estadounidense, de West Point, por ejemplo. Aquí también podemos imaginar alguna historia de amor prohibido en sus estancias, dos jóvenes cadetes o un rudo y duro oficial-profesor, casado felizmente con su novia del Instituto y con 9 hijos a sus espaldas, pero que vio esa sonrisa provocadora y con un toque de seguridad en sus encantos, y cayó rendido aferrándose a sus muslos con un abrazo apretado y eterno.
Quizás luego, fuera este chico un cadete ruso o americano, otro oficial celoso, lo envió a una misión arriesgada de la que volvió malherido.
Quizás al volver, su amante no hizo nada por él, apartándose. A lo mejor lo hizo por miedo al que dirán, o a lo mejor lo hizo porque ya, malherido, no era tan atractivo como antes.
Aunque a lo mejor su amante, afrontó los peligros del qué dirán y se encadenó emocionalmente al lecho de dolor del cadete, su amor.
Quizás dejaron los dos el ejército porque así se lo "aconsejaron".
Quizás se cuidaron durante el resto de sus largas y fructíferas vidas.

1 comentario:

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