viernes, 26 de junio de 2015

Pol estaba enamorado.












Pol estaba enamorado.

Se le fue borrando poco a poco la sonrisa. Era de pega y ya no la soportaba más. Dejó las llaves en el aparador de la entrada. Se miró fugazmente en el espejo y empezó a quitarse la americana. Apretó un segundo los ojos intentando hacer un conjuro para que al abrirlos de nuevo, la imagen que le devolviera el espejo fuera más de su gusto.
Sabía que no iba a ser así. Mantuvo los ojos cerrados un segundo más hasta que a tientas, acertó con el interruptor de la luz y la apagó.
Todo había sido fantástico en esa noche. Una cena agradable en casa de Gloria, unas copas en el garito de Roberto, y una charla distendida, agradable. Elsa estaba radiante, siempre pendiente de todo. Jesús la secundaba perfectamente, acoplado ya al papel de segundo líder del grupo. Hugo siempre callado, pero siempre atento a todo. Dispuesto a apostillar en el momento oportuno, y regalarte una mirada si la necesitabas o un guiño si habías estado acertado en tu argumentación. Kike hablador compulsivo y metepatas ocasional. Guillermo siempre pendiente de Kike, para evitar que su gusto por el vino le diera un disgusto.
Amanda circunspecta y con un grado de altanería que todos la perdonábamos porque sabíamos que tenía buen fondo. Y Ramón, intentando conquistarla.
Y, Pol, el descolocado, el de los ojos cerrados al llegar a casa. El de un incipiente dolor de cabeza que justificaría ante él sus ganas de meterse en la cama y ponerse la almohada encima.
Gloria intentando rendir sus almenas y él... intentando rendir las de... Álex.
Álex apenas había estado una media hora esa noche. Estaba rodando la serie de la que era protagonista hasta tarde. Es actor. Y de los buenos. En cuanto llegó se convirtió en el centro de atención de todos. Qué si el rodaje, que si Adriana Ugarte, que si Eloy Azorín, que si Estela María y la madre que la parió...
- A lo mejor hace un cameo ¡¡Antonio Banderas!! ¡¡Alucina!!
Y todos alucinaron. Salvó Pol que se hundió en el sofá del local en donde estaban tomando la penúltima y miraba en la distancia a Álex.
Álex apenas le apretó la pierna al irse. Ni un beso, ni un saludo especial. Ni un gesto de más. Quizás porque en la puerta del local había un grupo de paparazzis. O eso quería pensar Pol. O no quería pero...
Quizás si no se hubiera pasado Álex, él ahora estaría en la cocina, abriendo un yogur y echándolo sobre un plato bien colmado de fresas que se había preparado esa mañana con un poco de zumo de naranja y azúcar. Y quizás estuviera pensando en el última tontería de Kike, o en el servilismo de Guillermo para con aquél. En las risas que había echado o en lo bien que cocina Gloria. Pero Álex le había devuelto a la realidad más aplastante: estaba solo. Muchas personas alrededor, pero al fin y al cabo solo de esa forma que es tan agobiante: La de querer enamorarse, estar enamorado y no ser correspondido; llegar a casa y encontrársela vacía. Despertar por la mañana y hacerlo solo. Y no tener esperanzas de que eso cambie. Aunque su amor fuera correspondido, sería muy difícil que Álex renunciara a su momento de gloria en su carrera, con miles de fans pendientes de sus movimientos. Era la clave de su éxito, la pasión que levantaba entre millones de mujeres. ¿Cómo iba a renunciar a eso, tras los años de patearse decenas de casting sin ningún éxito? Después de aquellas películas que hizo con poco más de catorce años y que tanta fama le dieron, el olvido se apoderó de su carrera año y medio después. Y eso fue duro para él. Ahora que tenía la oportunidad de tomarse la revancha de esos años... no lo iba a tirar por la borda.
Logró llegar a su habitación sin encender ninguna luz. Se desnudó a la luz del tenue reflejo de las farolas de la calle. Le oprimía el pecho. Le dolía el alma. Desnudo, se echó el edredón por encima y se acurrucó sobre sí mismo. Y con lágrimas en los ojos, agotado y sin gota de esperanza en la sangre, intentó dormirse.
Escuchó en su duermevela el zumbido de su móvil.
Encendió la luz de la mesilla de noche y se levantó a buscar sus pantalones. En uno de sus bolsillos encontró el móvil. Era Álex. Le había mandado una foto por wasap. Era un selfie de él, en su habitación. Detrás colgaban algunas de las fotos o dibujos que le mandaban sus fans. Una destacaba sobre todas ellas. Un corazón de cartulina verde, el color preferido de Pol. Una P en una esquina y una A en el lado contrario. Todo muy sutil y nada comprometedor.
Pol sonrió.
Apretó el móvil contra su pecho y volvió a la cama. Apagó la luz y volvió a encogerse sobre sí mismo. Pero esta vez cambió las lágrimas en sus ojos por una sonrisa en sus labios. Y la foto de Álex junto al corazón de cartulina verde sobre su corazón.
- Al menos le gusto – se dijo en voz queda antes de quedarse dormido.

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