lunes, 27 de julio de 2015

Humberto se la ponía dura.

Óscar está sentado sobre la cama. Mira por la ventana. Mira pero no ve nada, porque piensa en Humberto. Suavemente se toca la punta de su polla. No puede evitarlo... pensar en Humberto le produce sensaciones extrañas en su miembro.


Suele contar en sus noches de borrachera, las más en los últimos tiempos, que su polla no se le puso tan dura hasta que conoció a Humber. No sabe explicar lo que le producía ese chico. Creía que le iba a estallar. Le dolió una semana después de su primera vez.



Recuerda cuando lo vio por primera vez en casa de su madre. Era el hijo de una clienta. Su madre era modista. Humer había ido a acompañarla para probarse. Ahí estaba, con su chupa de cuero, esa mirada rutilante, esa pose de comerse el mundo. Y no llevaba camiseta.


No tardaron mucho en congeniar. Era fácil con él. Era un tío con mucha labia, con un encanto personal irresistible. Ponía la cabeza así, de medio lado, te miraba a los ojos y sonreía, también de medio lado. Y ese día en su casa, en su habitación, mientras se cambiaba de ropa... la forma de quitarse la camiseta, porque ese día llevaba camiseta. Óscar siempre pensó que la llevaba ese día para poder quitársela delante de el.


No durmió esa noche. se la tuvo que cascar cinco veces, y ni así lo consiguió.


A los pocos días, Humberto le propuso irse de fin se semana al pueblo de sus padres. Tenían una casa allí. Llegaron el viernes por la noche. Hicieron la cena y hablaron hasta tarde. Era tan buen conversador que el tiempo pasaba volando junto a él. Y no te acordabas de otros temas, como follar. De repente subió al piso de arriba. Óscar se quedó en el salón, tirado en el sofá, esperando. Escuchó un ruido en el piso de arriba y miró hacia la escalera.
¿Vienes o tengo que bajar a buscarte?


Estaba desnudo. Su silueta se recortaba sobre el arco del descansillo. Era un cuerpo perfecto. Ahí empezó el desarrollo del miembro de Óscar.
A llegar arriba estaba ya dura, como un fierro.


Cuando llegó arriba, sin decir nada, le agarró de la mano y le llevó al baño.
- Me da morbo hacerlo aquí.
Se obligó a sentarse y sin más, se sentó encima de su polla.


Luego siguieron en la cama.


Fue una noche memorable.
Acabaron viendo amanecer, desnudos en la terraza.


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