miércoles, 14 de octubre de 2015

Vital.

Jon era un chico vital. Era un chico feliz. Se sentía atractivo y las personas que lo encontraban en su devenir diario, así se lo decían.


Tuvo muchos novios. Siempre recuerda con especial cariño a Bruno, el chico con el que bailaba en el salón de su casa casi todos los sábados. Eran un poco patosos, pero al final, casi ni se pisaban.



Un día todo se vino abajo. Estaba con Kevin y Leonardo tomando unas litronas, y algo se torció. Leo se puso violento y la emprendió con un chico que estaba en otro grupo. Algo tuvieron hacía tiempo y el alcohol le hizo querer saldar cuentas. Todo acabó en una pelea, alguien sacó un cuchillo y ese chico que se llamaba David, cayó malherido al suelo. La policía llegó y Jon y sus amigos, fueron detenidos.


Cuando fueron condenados, todos le dieron la espalda.  Su familia, sus amigos, Bruno... todos le dejaron. Se quedó solo, sumido en la tristeza. El sol parecía que nunca iba a salir de nuevo.



Cada uno de los amigos fue enviado a una cárcel distinta. Ni ese consuelo le quedó. No conseguía hacer amigos, eran muy diferentes a él. Tenía miedo, algunos parecían querer hacerle daño, violarlo, humillarlo. Una noche, lo sacaron de su celda y lo arrastraron hasta una parte de la prisión que no conocía. Lo amarraron  una columna y lo golpearon con saña.


Allí le tuvieron varios días, atado de pies y manos, como juguete de sus agresores, para satisfacer sus fantasías más inconfesables.


Quería morirse. Se lo pedía cada día al Dios en el que nunca creyó. Pero no le hizo caso.
Un día, cuando las fuerzas le empezaban a fallar, apareció él. Se acercó despacio y se quedó a su lado. Jon alargó la mano y le suplicó.


Ese hombre permaneció un buen rato a su lado, observándolo. Dejando que suplicara. Pensando. Al final, alargó la mano y lo condujo hasta lo que parecía que era su habitación. Allí, lo puso sobre su jergón y le folló sin miramientos.


No fue cariñoso. Aunque tampoco le pegó, lo que ya parecía un avance. Cuando el hombre quedó satisfecho, sonrió y le susurró al oído:
- A partir de hoy serás mi puta.
Eso, en otro momento, hubiera supuesto casi un insulto para Jon. Pero ese día, en cambio, pensó que por fin Dios le había escuchado. Al menos comería y no le pegarían todas las noches. Ese hombre del que ni siquiera sabía el nombre, era su caballero salvador.

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