lunes, 9 de mayo de 2016

La historia de como se conocieron Ramiro el millonetis y Jorge el camarero. 8ª parte.









- ¿A que te ato?
- No te atreverás.
- Claro que sí.
- ¿Te atreverías?
- Ponme a prueba.
- No quiero casarme.
- Sí quieres.
- Joder, toda la peña.
- Es lo que hay.
- Fotógrafos.
- Y cámaras de televisión.
- La hostia puta.
- Sonríe.
- Una mierda.
- Tú mismo. Pero luego le pondrán a caldo a Ramiro.
- ¿Sí?
- Claro.
- Ah, eso no.
- Así que ponte bien la pajarita y vamos.
- Joder. Estoy que me cago.
- Pues aprieta el culo.
- Pero no conozco a nadie.
- Pues mejor. No te pierdes gran cosa.
- No ha venido mi familia.
- Ni falta que hace. Carlitos te espera en la puerta para acompañarte.
- Carlitos - y casi se le escapa una lágrima.
- No llores que se te corre el maquillaje.
- Que fuerte lo del maquillaje.
- Por la televisión.
- Si lo llego a saber, me fugo.
- No. Estás pillado.
- ¿Se me nota?
- Desde el primer día.
- El primero no.
- El segundo.
- El segundo no.
- El segundo.
- ¿El segundo?
- Sí.
- Yo creo que no.
- Yo sí.
- A lo mejor el tercero.
- El segundo, te conozco.
- ¿De qué?
- Follamos hace años.
- ¿A sí?
- No te acordarás. Follabas mucho.
- Si follamos, tú también.
- Es cierto.
- ¿Y lo pasamos bien?
- Creo que sí, si no, no me acordaría de ti.
- ¿Te enamoraste? De mí digo.
- Una mierda.
- ¿Me enamoré?
- No. No eras de esos.
- ¿Y ahora sí?
- Llegó tu hora.
- ¿Y la tuya?
- Tu amigo el Loca, me pone.
- Te pone por el traje.
- Me pone porque me pone.
- ¿Sí?
- Sí. Ramiro le suele llamar para que pase por la oficina. Se lo pido yo.
- Ya lo sé, me lo dijo él.
- Pues eso.
- Pero no le has dicho nada. De que lo quieres.
- Me da miedo.
- Loca es buen tipo.
- ¿Sí?
- Está un poco loca, pero es genial.
- ¿Crees que le gustaría?
- Díselo.
- Me da corte.
- ¿Se lo digo?
- No.
- Hago de celestina.
- ¡¡No!!
- Voy a llamarlo.
- No.
- Cierto, me has confiscado el móvil.
- Sip. Debes salir ya del coche.
- Si no hemos llegado.
- Es para darle tiempo a Ramiro. Se ha entretenido. El alcalde de París es muy plasta.
- ¿Está el alcalde de París?
- Negocios.
- ¿Negocios en mi boda?
- Con Ramiro todo son negocios.
- A que me fugo.
- No lo vas a hacer.
- Por los armarios. Menudos tíos, me han aplastado antes.
- Ya será menos
- Lo que yo te diga.
- Eres un exagerado.
- ¿Y lo pasamos bien? Cuando follamos, digo.
- Sí.
- Te pillaste, te lo noto.
- No.
- ¡¡Sí!! Te enamoraste de mí y no me di cuenta.
- No – Óscar duda.
- Eres guapo.
- Tú también.
- Perdona por no hacerte caso.
- Fue hace tiempo.
- ¿Y si nos fugamos?
- No. Ya no te quiero. Y tú quieres a Ramiro.
- ¿Sí?
- Otra vez no. Esta conversación la hemos tenido unas líneas antes.
- ¿Sí? No me he enterado.
- Estás cagado y...
- Me has recordado que necesito...
- No. Aprieta el culo.
- Repites respuesta.
- Repites pregunta.
- La hostia puta.
- No seas mal hablado.
- Estoy...
- Como un flan.
- ¿Flan?
- Nervioso.
- Yo diría...
- No lo digas o le digo al armario 1 que te aplaste los huevos. ¿Has visto que manaza tiene?
- ¡¡No!!
- Un buen apretón de huevos y no necesitas cagar en un mes.
- Joder que empacho.
- Adelante. Ramiro te espera ya en el altar.
- Que bonito.
- Y Carlitos te espera para abrirte la puerta.
- Que fuerte.
- Él tiene el anillo. Te lo dará cuando el obispo lo diga.
- Que fuerte lo del obispo.
- Son viejos amigos.
- Joder.
- Ahora posa sonriente. No digas nada. Si acaso que eres muy feliz.
- Soy muy feliz.
- Es un gran día.
- Es un gran día.
- Sonríe.
- ¿Así?
- Eso es una mierda de sonrisa.
- Es que...
- Sonríe.
- ¿Así?
- Tú mismo, vas a hacer el ridículo.
- ¿Así?
- Mejor.
- Dame un beso.
- Te vas a casar con otro.
- Dame un beso.
Óscar se acercó y le plantó un pico en los labios.
- Lo pasamos bien, ahora estoy seguro.
- No fue para tanto.
- O sea que te acuerdas. Te pillaste.
- Sí.
- Yo no me acuerdo, perdona.
- Estabas fumao. Y follabas mucho y con muchos.
- Estaba pasado de vueltas.
- Un poco.
- No es fácil ser el despreciado de tu familia.
- No pienses en eso. Ahora hay gente que te quiere.
- No tanta.
- Ramiro.
- ¿Me quiere?
- ¿Lo dudas?
- No. Me quiere. Pero nadie más.
- Carlitos.
- Es cierto, mi hermano me quiere.
- Y nosotros también.
- ¿Me queréis?
- Sí.
- Dame otro beso. Me tranquiliza.
- Óscar le dio otro breve pico.
- Podríamos haber sido felices, lo presiento.
- No. Ahora vas a ser feliz.
- Y tú con el Loca.
- Eso ya veremos.
- Hemos llegado – dijo el conductor por el comunicador.
- Salid vosotros antes, por si la gente.
- Los armarios salieron.
- Va a salir todo bien.
- Estoy atacado.
- Sonríe. Espera que te pongo la pajarita.
- Me voy a cagar.
- Aprieta el culo.
- Si me duele de lo apretado que lo tengo.
- Ahora se te pasa, en cuanto salgas y te saquen dos fotos.
- Me van a sacar más fotos en cinco minutos que en mi vida.
- Estás guapísimo.
- ¿Sí?
- Sí.
- ¿De verdad que me quieres?
- Pesao.
- Nadie me ha querido con amor.
- Vamos.
- Hubiéramos sido felices.
- Somos felices ya.
- Juntos, me refiero.
- Es tu momento. Y el de Ramiro.
- Se va a hacer tarde – dijo Carlitos asomándose al coche.
Óscar salió por la otra puerta. Los flashes se dispararon cuando Jorge salió de la limusina. Se colocó el traje bien y sonrió. Miró a las cámaras como si fuera un profesional. Recorrió con la mirada a todos los fotógrafos. Posó aunque fuera un segundo para cada uno de ellos.
- Es el día más feliz de mi vida – dijo a los micrófonos.
- Gracias a todos. - se despidió como un profesional.
Agarró del brazo a su hermano, fuerte, muy fuerte, “Me haces daño, joder”, y entraron en la catedral. Todas las luces encendidas, el órgano tocando la marcha nupcial, la gente vuelta hacia él, esperando. Caminaron despacio hacia el altar. Y allí lo esperaba Ramiro, sonriente. Se miraron en la distancia. Se sonrieron en la distancia. Y todo atisbo de nervios o miedo, desaparecieron. Estaba rodeados de más de mil personas, pero ellos estaban solos. Sus miradas y su conversación silenciosa. Sus miradas y sus sonrisas. Sus miradas y sus “te quiero”.
- Y yo os declaro unidos en matrimonio – declaró el obispo casi una hora después.
Las campanas sonaron de nuevo.
El coro cantaba “Aleluya”.
- Y los novios se dieron un beso tórrido y profundo y duradero.
- ¡¡Vivan los novios!! - gritó Óscar para evitar que se ahogaran.
- Vivan los novios – gritó la concurrencia.
Y los novios se vieron obligados a separar sus bocas para saludar a sus invitados.
- ¡¡Joder, cuanta gente!! - exclamó Ramiro como si los viera por primera vez.
- Ya te digo – contestó Jorge, que ya no necesitaba ir a cagar.
- ¡¡Que se besen, que se besen!! - empezó a gritar alguien entre los invitados.
Y los novios no se hicieron de rogar y acercaron sus bocas.
- Pero poco, por favor, que ya vamos con retraso – susurró Óscar.
- Que te den – dijeron a la vez los dos.
Y se besaron, vaya que si se besaron.


No hay comentarios:

Publicar un comentario