jueves, 12 de mayo de 2016

Manuel encontró algo.


¡Qué sesión de sexo ha tenido Manuel! Con su amigo Ramiro.
Sus colegas les llaman novios. Y Manuel, delante de ellos, se suele referir a Ramiro como eso "mi novio". Pero para sus adentros... no. No sabe decir muy bien por qué, pero no lo hace. Hay como un algo dentro de el que le impide considerarlo así.


Ramiro lo pone caliente. Desde aquella primera vez que en su casa se acercó a él en calzoncillos, contoneándose ligeramente, mirándolo fijamente. Le quitó al camiseta y le desabrochó os pantalones. Puso se pierna rodeando su cuerpo y sin saber como, Manuel tenía los pantalones en los tobillos, su boca salivaba profusamente y su miembro pugnaba por escaparse de sus slips. Fue aquella primera vez juntos un verdadero festival de pasión, de sensaciones, de placer elevado a la máxima potencia. ¡Ufff! Y siempre ha sido así.


Manuel sonríe luego, sentado en una butaca cualquiera, exponiendo su cuerpo a la vista de Ramiro. Con su miembro otra vez preparado. Quizás para devolverle las sensaciones de aquella primera vez en que lo calentó tanto. Y su "amigo", se vuelve a lanzar sobre él.


Muchas veces después de follar, salen visten y salen de fiesta. Cenen algo, dan una vuelta, se juntan con sus amigos y pasan una velada estupenda. "Mira que buena pareja hacen", escucha muchas veces.


El lunes, Ramiro se va a trabajar. Manuel mira por la ventana como se monta en el coche para emprender ese corto viaje que le separa de su lugar de trabajo. Se miran a través del cristal y se saludan. Paro Manuel, en cuanto el coche desaparece, se queda triste, con la mirada perdida, buscando dentro de él y a su alrededor la razón para que toda esta historia no le acabe de llenar.


Algunas semanas, no puede aguantar más y se lanza a la busca de sexo. No lo tiene difícil, solo debe incorporarse a las fiestas de unos amigos, que siguen teniendo la "orgía de los miércoles".


Mira a cada uno de ellos, por ver si alguno le hace sentir algo especial. Prueba todas sus bocas, lame a todos el pecho, los mira a todos a los ojos, siente su semen en su piel. Pero sea lo que sea, no es ninguno de ellos la causa.
"Siento que mi corazón, mi cuerpo pertenece a otra persona". "¿La conozco?" "¿La dejé escapar?" "A lo mejor no ha llegado todavía.".


Es caso es que Manuel se siente prisionero. Como si alguien lo arrastrara por el suelo llevándolo a rastras, sin poder evitarlo y sin saber a dónde.
El jueves, Ramiro volverá.


Reirán, picarán algo en casa y verán una peli. Y luego, quizás, volverán a tener un sexo maravilloso. Y Manuel se volverá a sentir culpable porque si deja le mente en blanco, se verán en un pasillo oscuro y sucio, atado por los pies, y siendo arrastrado por alguien hacia ninguna parte.

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