miércoles, 13 de julio de 2016

Un desnudo Danny sobre sábana en el sofá.

Parece la habitación de un hotel.
Un fotógrafo viaja a una ciudad para fotografiar a algunos modelos. Danny es uno de ellos. El viaje mereció la pena, pensó el fotógrafo, después de hacer el trabajo. Aunque si hubiera estado Amanda, su ayudante, y hubiera podido traer parte de su material, el resultado hubiera sido mucho mejor. Y si no hubiera tenido que fotografiar a 4 modelos en esa tarde. Eso no dejaba mucho margen a la búsqueda del arte. Pero el dinero que cobraba por esas sesiones no daba para más.
Pero mira, ese último chico... le había gustado. Su mirada perdida en muchos momentos, su comodidad al mostrarse desnudo. Sus labios carnosos, su cuerpo casi sin pelo, le hubiera gustado morderle las orejas y besarle el cuello. Acariciar esa piel blanca que parecía tan suave.
Tuvo un arranque y le dejó su tarjeta. "Por si te apetece un día viajar un par de cientos de kilómetros y que te saque unas fotos o lo que sea".
Danny o como se llamara, había sonreído, pero de aquella manera. Era la forma de decir: "Va ser que no, pero mira que bien que te he puesto cachondo". Kimel lo sabía, le había pasado otras veces y nunca había sido distinto. Luego había la mirada de "Si quieres te llamo ahora mismo". O la de "Lástima que seas de fuera y no tenga un pavo para irme tras de ti". O la de "Pero qué se ha creído este estúpido". 




 

A Kimel, el fotógrafo, no le gustaba mezclar placer con trabajo. Además, algunas veces eso le había granjeado algunos problemas con los  modelos y con los estudios para los que trabajaba. Sino, quizás hubiera sido más directo con Danny y lo hubiera intentado.
Suspiró cuando el modelo salió de la habitación. Recogió rápidamente las sábanas con las que había cubierto el sofá y el suelo, colocó las lámparas en su sitio y sin más, se lanzó a la calle. Necesitaba aire, necesitaba dejar de respirar el olor a sexo frustrado que había en el cuarto. 
Miró el móvil por si alguien se ofrecía para tener un bailecito en la cama. Pero no.
Tomaría un par de cervezas y luego volvería al hotel. Se metería en su habitación, abriría la ducha y allí, bajo la lluvia caliente y artificial de la ducha, se masturbaría a la salud de Danny. O de Arturo, que recordaba del viaje anterior. O de Huidobro, un chico al que fotografió unos meses atrás en Lyon. O a Carles, con el que quedó durante un tiempo para follar hasta quedar exhaustos. 
Pero esta vez, sería él solo y su mano.





No hay comentarios:

Publicar un comentario