viernes, 7 de octubre de 2016

Chico sobre fondo blanco.

Cuando el fotógrafo lo vio, pensó en hacer una sesión especial con él. Se comía la cámara.









Quedó con él para otras sesiones, pero no acudió a la cita.
Lo buscó en el gimnasio que comentó que visitaba regularmente, pero nadie lo conocía.
Unos años después, lo descubrió en un albergue en otra ciudad. Estaba haciendo un reportaje para una revista y allí estaba, sentado en un rincón, en el suelo. Demacrado, con ropas viejas y raídas. El chico no lo reconoció. Se dejó fotografiar, pero porque estaba ausente de la realidad.
El fotógrafo pensó en hablarle, pero... no se atrevió. Conocía esa mirada perdida, desesperanzada. No creyó ser capaz de enfrentarla.
Fotografió a otras personas en el albergue. Acabó su reportaje y salió a la calle. Ahí, revisó las fotos que había sacado al hombre. Por un momento meditó  la posibilidad de volver a entrar y enfrentarse con él. Pero al final, lo descartó. Caminó deprisa por la calle para conseguir dejar esos recuerdos atrás.


1 comentario:

  1. Una historia interesante, aunque algo tristona, Tato. Y hace pensar sobre que muchas veces nos encotramos con imágenes de modelos bellísimos, pero no tenemos ni idea sobre la persona que hay detrás de la pose. Un auténtico misterio. El chico que nos traes es espectacular, realmente impresionante. Una maravilla, y el fondo blanco la resalta aún más. Besos, cielín, y feliz finde :-D

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