viernes, 16 de marzo de 2018

Félix se levanta así todos los días.


Empalmado, con su badajo duro, a veces babeando. NO recuerda si ha tenido sueños con alguno de sus amores secretos. O simplemente, está necesitado de un poco de amor, amor que no encuentra.




Siempre le gustó Hernán, uno de sus compañeros en el equipo de fútbol en el que jugaba. O Guille. Eran dos chicos estupendos, alegres. Sus cuerpos le ponía a cien, sobre todo desde aquel día que jugaron un partido desnudos. Todos. Para su sorpresa, se concentró en la pachanga, nada de excitarse con los cuerpos de sus compañeros. 


Intentó un acercamiento con el primero, en una tanda de ejercicios que les puso en entrenador para después, pero Hernán se hizo el despistado. Parecía que no le gustaba.


También lo intentó con Guille, un día que éste le invitó a su casa y lo encontró en calzoncillos tomando el sol en la terraza. Su cuerpo ese día le pareció lo más maravilloso del mundo. guille le miró sonriendo y le dicjo que ya estaba pillado. "Lo siento, eres un buen tipo. Si las circcunstancias fueran otras..."


Con Ubaldo, tuvo un affaire. En su casa, en el jardín. Los dos desnudos, tranquilos. Unos besos, y poco más. Se masturbaron, eso sí. Pero  nada. Esto no lo sintió, porque aunque le ponía caliente, su carácter... no acababan de congeniar. Aún así, lo intentó y se olvidó de que siempre le había pareci´do un poco petulante. Pero éste, haciendo bueno su intuición, le mandó a tomar gárgaras sin miramientos al grito de que no era lo suficientemente bueno que él se merecía. Así se lo dijo.


Esto le dejó un poco tocado. Le hizo sentirse inferior, una persona que no encontraría a nadie. Pero un día, otro día en que se había levantado con su tranca dura y a la cual no había querido hacerla caso, llamaron a la puerta, a media mañana. Era un sábado. Estaba en chándal y acababa de desayunar. Allí estaba, Kike, su compañero de trabajo. Desde el día que entró nuevo en su empresa, le habññia llamado la atención. Incluso habían tomado algunas cañaz al salir de trabajar. Pero no se sentía con fuerzas de intentar algo con él. Era inalcanzable para él, pensó. Casi no lo reconoce, acostumbrado a verle con la ropa de trabajo. Y sin decir casi palabra, se quitó la parte de arriba de su chándal y se bajó el pantalón. No llevaba nada debajo. Se mostraba desnudo.



Sin decir nada, entró en la casa. Fueron al salón y se la empezó a comer. Félix no tardó mucho en venirse. LLevaba tanto tiempo soñando con eso... luego le tocó su turno. Kike tampoco tardó mucho en correrse. Estaba a tope.
Creía que no te gustaba, le dijo cuando se sentaron los dos a charlar un rato. Tú me gustas mucho.
Solo esto, le hizo ponerse a Félix a tope. se acercó a Kike y empezaron de nuevo. Y esta vez, más despacio, hicieron todos los juegos que se les ocurrieron. Y por primera vez, Félix probó a ser penetrado. Era la persona que estaba esperando, pensó.


Empezaron una relación, que aún dura hoy. Un día le contó todos sus intentos de acercamiento con sus amigos. A Kike le parecía increíble. Con lo que le ponía Félix. Y un día, le sorprendió con una idea.
Hagamos un trío.
¿Con quién?
Sorpresa.
¿Cuando?
Esta tarde.
Y cuando abrió la puerta, se encontró con Hernán que acompañaba a Kike.
Es mi regalo de mensuario, le susurró al entrar.


Y en el jardín se lo montaron durante toda la tarde.
Al irse, Hernán le dijo que siempre le había puesto a cien. No le creyó, pero le hizo sentirse bien que al final, aunque fuera por un día, Hernán le hubiera comido la polla con dedicación.
Cuando se quedaron solos, Kike y Félix se lo montaron de nuevo. Eran felices. Estaban juntos. Se querían y se cuidaban el uno al otro.


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